El pueblo sin niños.

firhall

 

No creerán lo que les voy a relatar pero es absolutamente cierto. Existe un pueblo en  Escocia, al norte del Reino Unido donde está prohibido que vivan niños. Sus ciudadanos pueden recibir visitas de éstos a determinadas horas y con cierta frecuencia pero no vivir, aunque sí dejan una mascota siempre que no sean ni patos, conejos, palomas y abejas. Tampoco crean que todos pueden vivir allí, hay que tener más de 45 años. La explicación de tales inusuales restricciones es que el pueblo fue creado con esas condiciones, y los propietarios del terreno sólo venden casas con esas premisas, pensando en formar un pueblo específico para vivir con absoluta tranquilidad hasta el final de los días. Eso sí, el lugar elegido al parecer es un paisaje de cuento.

Contrariamente a Firhall, los pueblos extremeños quieren niños, es más, necesitan niños para no morir, y para que haya niños necesitan una escuela, porque ello implica que las familias terminen trasladándose a la localidad más cercana, con escuela, y sin niños el futuro no tiene futuro, como en Firhall, solo la espera, además de influir en el aislamiento rural ya de por sí relevante en muchas poblaciones. Todavía suelo escuchar cuando conozco a alguien residente o nacido en un pueblo, como con orgullo en su descripción incluye “es pequeño pero tiene una escuela”, otra manera de decir mi pueblo vive y seguirá vivo.

Es por eso por lo que la supresión de unidades jurídicas en centros pequeños, aulas para que me entiendan, aunque no se cierren colegios, es de especial importancia.

En ese sentido, no crean es un gasto superfluo mantener escuelas o unidades con pocos alumnos, incluso con escasos alumnos, evidentemente mientras sus padres así lo deseen. Ese gasto que pareciera no cumpliera los requisitos de racionalización del gasto educativo está cumpliendo con creces la misión más importante que la escuela pública ofrece y que es la garantía de que cualquier alumno nacido donde haya nacido tenga el mismo acceso a la misma educación en igualdad de condiciones.

La escuela rural sólo tiene una solución que además no sólo compete a Extremadura y no sólo es educativa. Políticas para incentivar a las familias y a quién pretenda tenerla, desde el Estado al municipio y empleo.

Sobre Saturnino Acosta García

Gaditano de cuna y Extremeño de adopción, cursé no solo estudios de Magisterio por la especialidad de Música también aproveché al máximo sus daños colaterales.