“Puso a su bebé de 10 meses en mis brazos y me dijo que me lo llevara, que se iba a morir”

Esta es la historia de una madre siria de 32 años con cuatro niños, el más pequeño, de dos. Un día llamaron a la puerta de su casa; era el Daesh que venía a reclutar a su marido. Él se negó a marcharse, lo que motivó que delante de ella y de sus hijos, en el mismo rellano, le pegaran un tiro a bocajarro y lo mataran. Esta madre aterrorizada cogió a sus cuatro niños y se fue a casa de sus padres. Pero cuando llegó sólo encontró escombros: la vivienda había sido bombardeada y estaba totalmente derruida. Lo único que encontró en medio de los cascotes fue la mano de su madre con un anillo, el cual se colgó al cuello.

Entonces pensó que allí ya no le quedaba nada más y que tenía que salvar a sus hijos. Y se puso a andar como una autómata detrás de una masa de gente sin saber muy bien a dónde iba. Tuvieron que pasar varias semanas para que fuera consciente de lo que realmente le había pasado y de qué estaba huyendo.

Su camino terminó en La Jungla, en Calais, en Francia, territorio europeo, donde los refugiados malviven entre el barro y la desesperación.

Esta es la historia de otra madre siria de unos 50 años que tuvo que decidir a cuál de sus dos hijos sacaba del país y a cuál dejaba expuesto a la muerte. Ella era farmacéutica en su pueblo, una localidad cercana a Damasco, con lo que disfrutaba de un buen nivel de vida. Su situación económica le permitió aguantar cuatro años de guerra, hasta que no pudo más. Tuvo la ‘suerte’ de comprar salvoconductos -y evitar las mafias- para salir del país. Pero sólo le permitían dos y eran cuatro en la familia. Su marido decidió que se fuera ella y uno de sus hijos. Pero, ¿a cuál elegir? ¿Cómo se toma una decisión así? Al final optaron porque saliera el mayor, pues estaba a punto de cumplir 18 años y era muy probable que fuera reclutado. El problema es que ahora el pequeño también está a punto de llegar a esa edad y siguen sin ser capaces de sacarlo de allí.

Y esta es la historia de otra madre siria refugiada en Dunkerque que puso a su bebé de 10 meses en los brazos de una voluntaria y le dijo que se lo llevara de allí porque se iba a morir. El pequeño llevaba 15 días enfermo y viviendo en un barrizal, entre ratas, entre un terrible hedor. La policía francesa no permitió que Médicos Sin Frontera entrara en este campo de concentración para asistir al bebé.

No hay muros, ni cuchillas ni mar salvaje que se le vaya a poner por delante a estas tres madres, que son sólo un pequeño ejemplo, por salvar a sus hijos. Muchas dicen que si fuera por ellas, se habrían quedado en Siria, donde, por lo menos, te matan rápido; en los campos de refugiados se mueren lentamente.

*Estas tres historias las trae hasta la región Virginia Domínguez, de la Plataforma Refugiados Extremadura y voluntaria tanto en Calais como en Dunkerque.

Sobre refugiadosextremadura

Refugiados Extremadura es una plataforma de ciudadanos y ciudadanas que promueve la apertura de las fronteras para las personas que huyen de países que sufren conflictos de cualquier índole.