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    La epidemia del amor inmaduro

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  • Imagínate que estás en casa escribiendo en tu agenda y de repente sientes la necesidad de escuchar ruido para que el silencio desaparezca… O quizás estés conociendo a alguien y […]

    Miedo al silencio

    Imagínate que estás en casa escribiendo en tu agenda y de repente sientes la necesidad de escuchar ruido para que el silencio desaparezca… O quizás estés conociendo a alguien y […]

  • Habitualmente nuestra mente se encuentra vagando sin orientación, hilando unos pensamientos con otros, unas imágenes con otras, originando mucho ruido. Nos vemos inmersos en un constante diálogo interno, conocido como […]

    Mindfulness para nuestro día a día

    Habitualmente nuestra mente se encuentra vagando sin orientación, hilando unos pensamientos con otros, unas imágenes con otras, originando mucho ruido. Nos vemos inmersos en un constante diálogo interno, conocido como […]

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La epidemia del amor inmaduro

Últimamente, me doy cuenta de que en muchas parejas gobierna la autoridad y la posesión, a veces de forma disimulada y otras, consentidas. Se prohiben las salidas con los amigos, se revisan las conversaciones de redes sociales uno al otro e incluso, se elige con quien o no tienen que hablar y saludarse… ¿dónde queda la libertad individual?

Creemos que tener pareja significa estar en posesión del otro porque nos pertenece. Pero poseer no significa sentir amor, sino inseguridad por temor a quedarse sin el otro, que es bien distinto.

El amor no es una jaula, es dejar ser sin poseer en un vuelo acompañado

No puedo vivir sin ti

“Te necesito”, “No puedo vivir sin ti”, “Mi vida pierde el sentido cuando no estás conmigo”, “Me quiero morir” son expresiones que definen a muchas de las relaciones actuales, ya sean en adolescentes como en adultos y que tienen un punto en común: la dependencia emocional.

La idea popular de que necesitamos a nuestra media naranja para ser feliz ha hecho mucho daño en la sociedad junto a los ideales románticos de las películas. Paradójicamente los estudios afirman que primero hay que estar bien con uno mismo para poder tener relaciones satisfactorias de cualquier tipo.

Mujer con dependencia emocional

Lo cierto es que todos y cada uno de nosotros venimos al mundo sin un acompañante y hemos pasado épocas en solitario. Por lo que vivir sin otra persona a nuestro lado es posible, lo que no es saludable es carecer de relaciones a todos los niveles.

El error radica en convertir la búsqueda de pareja o la relación de pareja en nuestro único sentido de vida.

No te necesito, te prefiero

Depender implica estancamiento al no poder crecer porque no somos libres emocionalmente y también implica inmadurez, ¿de verdad piensas que no eres nadie sin el otro? No necesitas el espejo de los demás para verte, tu presencia existe de por sí.

¿Necesitas que alguien te diga cuánto vales para creértelo? Déjame decirte que sí, ese alguien eres tu.

Además, ¿has pensando en que si te comportas como el otro desea o exigimos al otro cómo tiene que hacerlo dejamos de ser nosotros mismos? Toda nuestra autenticidad se desvanece cuando nuestra forma de ser se transforma según los deseos de los demás. 

Lo bonito no es necesitar al otro, sino preferirlo como acompañante de vida y como apoyo. No hay nadie que nos complemente la parte que nos falta porque no podemos responsabilizar a otros de sanar nuestras heridas.

La única persona con la que sí necesitamos vivir es con nosotros mismos por ello es necesario aprender a amarse y valorarse cada día. Ya lo dijo Oscar Wilde, “Amarse a sí mismo es el comienzo de un idilio que durará toda la vida”. Por lo que tener pareja es una preferencia o elección no una necesidad.

No olvidemos que las relaciones de pareja sanas crecen desde el amor consciente y la madurez emocional. Sus miembros saben que son dos personas completas que apuestan por la idea de crecer juntas pero que en ningún momento se anulan porque su propósito es un viaje de evolución, individual y colectivo: la pareja.

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Miedo al silencio

Imagínate que estás en casa escribiendo en tu agenda y de repente sientes la necesidad de escuchar ruido para que el silencio desaparezca… O quizás estés conociendo a alguien y vuestra conversación sobre la música que os gusta ha llegado a su fin, ¿cómo te sientes?

La mayoría de las personas responderían incómodas, ¿por qué? Porque existe cierta tendencia a no soportar al silencio, incluso a temerlo. He llegado a conocer a personas que cuando están solas en casa necesitan tener un ruido de fondo porque así se sienten acompañadas.

¿Qué nos sucede con el silencio? ¿por qué nos incomoda tanto?

Normalmente nos empeñamos en hacer ruido para combatir al silencio y de esta manera, no escucharnos. Pero si no ponemos nuestro cincos sentidos en lo que estamos experimentando, no podremos disfrutar plenamente de ello.

Combatir el silencio aliándonos con el ruido nos impide escucharnos.

Dejar de lado al silencio nos lleva a desatendernos, a no escuchar a nuestra voz interior. Quizás sea más fácil vivir en automático que conscientemente. Puede que vivamos así durante mucho tiempo, pero llegará el día en el que nos lamentemos de no habernos dedicado ni un solo segundo.

¿Qué pretendemos callar? ¿Cómo son los diálogos que mantenemos con nosotros mismos?

Te invito a que por unos minutos te dediques a escucharte y dejes de seguir ignorándote. En el silencio puede haber más respuestas que en muchas conversaciones.

No lo olvides: ¡Escúchate, no solo te oigas!

Mujer con los ojos cerrados

 

 

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Mindfulness para nuestro día a día

Habitualmente nuestra mente se encuentra vagando sin orientación, hilando unos pensamientos con otros, unas imágenes con otras, originando mucho ruido. Nos vemos inmersos en un constante diálogo interno, conocido como “mente de mono o “mente errante” formado por pensamientos que dan vueltas sobre sí mismos.

El problema de esta mente caviladora es que no ofrece soluciones ni ayuda a resolver problemas, más bien los acentúa; preocupándose de manera excesiva por el pasado y el futuro, olvidándose de aquello que sucede en el momento presente.

La mente de mono al evadirse del presente, nos impide la vivencia de la realidad que acontece en cada instante.

Pero una mente ajena al presente es incapaz de conocer la realidad tal como es para cada uno de nosotros. Por ello, hemos de tranquilizarla y calmarla para que sea capaz de conocer y habitarla de manera adecuada. La práctica del Mindfulness nos ayudará a conseguirlo.

¿Qué es el Mindfulness?

La palabra Mindfulness ha sido traducida al español como “atención plena” y/o “conciencia plena” y se corresponde con un conjunto de prácticas que tienen en común dirigir la atención hacia el momento presente, desde una actitud bondadosa y de aceptación, sin juzgar.

Mujer meditando

Su práctica nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, aquí y ahora; ayudándonos de esta manera a recuperar nuestro equilibrio interno, desarrollando una mayor capacidad de discernimiento interno y compasión.

Cuando somos conscientes de lo que estamos haciendo, sintiendo o pensando, nos encontramos practicando mindfulness.

Mindfulness es la capacidad de ser conscientes de los contenidos de nuestra mente momento a momento, un modo especial de ver, un modo especial de observar. Conocido también como la práctica de la autoconciencia.

La técnica del mindfulness nos ayuda a cortar los hilos de la marioneta, la identificación con nuestro pensamiento, creando un espacio a través de la observación y/o atención plena, que nos permite desconectar el piloto automático, es decir, el hábito de reaccionar automatizado de la mente.

Así, los elementos claves del Mindfulness podemos decir que son la consciencia, el momento presente y la aceptación, manteniendo entre ellos una relación interdependiente (Germer, 2005a, p.9).

Uno de los primeros objetivos de la práctica del Mindfulness consiste en calmar y serenar la mente, para ello se realizan ejercicios de meditación-concentración, en los cuales se entrena a la mente a estar concentrada en un solo punto de manera constante, por ejemplo, la respiración.

Gracias a la práctica del Mindfulness, podemos llegar a desarrollar una relación especial con nuestros eventos privados (pensamientos, recuerdos, emociones…), es decir con nosotros mismos, teniendo repercusiones en nuestro modo de vivir la vida y relacionarnos con los demás. La atención plena nos ofrece una vía para regular nuestras emociones y pensamientos, con numerosos efectos beneficiosos relacionados con la reducción de síntomas y el aumento de nuestro bienestar subjetivo.

Burbuja

Beneficios del Mindfulness

  • Desarrollar la capacidad de conectar con uno mismo, con los demás y con el mundo.
  • Aumento de la conciencia del sí mismo.
  • Desarrollo de habilidades de relajación y manejo de situaciones de estrés y ansiedad.
  • Estar en el presente, aquí y ahora.
  • Toma de conciencia de las relaciones entre el cuerpo, la mente y las emociones.
  • Mayor grado de autorregulación.
  • Mejora de la capacidad de memoria de trabajo.
  • Menor nivel de afectividad negativa.
  • Desarrollo de una actitud compasiva dirigida hacia uno mismo.

“El propósito primero de la meditación es hacerse consciente y familiarizarse con nuestro estado interior. El propósito último es alcanzar la fuente de la vida y la conciencia.”

(Nisargadatta Maharaj)

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No hay nada romántico en tener celos

Está celoso/a, me quiere” es un pensamiento común de muchas personas. “Si no se pone celoso/a, no me quiere lo suficiente porque no lucha por nuestro amor” es otro pensamiento que sigue la misma línea en relación a los celos. ¿Te resultan familiares?

Existe una idea irracional de que en los celos hay romanticismo y de que si se sienten se quiere de verdad, fruto de las novelas y películas románticas. Pero más allá de estas ficciones, los celos no demuestran amor, tienen otro significado relacionado con la inseguridad y la necesidad de posesión.

Los celos no demuestran amor, sino temor

No soporto cuando mira a otros/as. Me siento que soy invisible y que no valgo para nada. Todo el mundo es más atractivo y mejor que yo. Me mata pensar en la posibilidad de que pueda llegar en algún momento a enamorarse de otra persona.” es un discurso que nos muestra la inseguridad de una persona celosa y que en ocasiones se acompaña de comportamientos de control como espiar las redes sociales de la pareja o sus mensajes en el móvil.

Sentir celos es una respuesta emocional que emerge por el temor a perder el amor de un ser querido.

Los celos son como la alarma que nos avisa de la presencia de un peligro: perder el cariño y la atención en la relación con un ser querido.

Puede que en buena medida este temor se encuentra justificado por experiencias vividas en relaciones del pasado pero también puede que sea fruto de una distorsión de la realidad de la persona insegura. La cuestión radica en aceptar lo sucedido y aprender a regularlo para no llegar al nivel patológico.

El amor se construye y es bondadoso, no posesivo. Da alas para crecer y no limita. Ofrece tranquilidad, no nerviosismo ni desasosiego. El amor se nutre de una buena comunicación, apoyo y reconocimiento.

Los celos generan sufrimiento

Seguir la pista a la pareja, cuestionarlo e interrogarlo o desconfiar de ella genera sufrimiento a los dos miembros de la pareja. Todos son conductas relacionadas con la necesidad de control y de posesión que a pesar de lo que la persona insegura piensa, funcionan más como motivo de alejamiento que de unión.

Hay celos tan destructivos que pueden llegar a acabar la relación de pareja si no se actúa a tiempo, además de minar la autoestima de la persona que los siente.

Ninguna persona se siente feliz formando parte de una relación asfixiante y controlada. La tranquilidad se desvanece, la autenticidad se oculta tras máscaras y en lugar de decir lo que se piensa se expresa lo que cree que debería decirse… Mientras que el celoso/a piensa que su vida sería horrible si la otra persona no estuviera.

Corazón entre cuerdas

Como vemos los celos descontrolados comienzan a formar parte de una espiral destructiva de la que puede que nadie salga salvo si no se da cuenta.

Para los celos, aceptación y autoestima

Los mejores remedios para los celos son la aceptación y la autoestima. Aceptación porque es preciso ser conscientes de lo que experimentamos para poder trabajar con ello y autoestima porque si nos encontramos seguros de nosotros mismos y nos valoramos, será más fácil afrontar nuestros miedos. De esta manera, la confianza en el otro aumentará y comprenderás que si está contigo es porque lo ha elegido.

Recuerda que nadie posee a nadie y en el caso de que en algún momento tu pareja quiera marcharse es libre para hacerlo. Nadie puede cortar las alas a nadie. Retener en contra de su voluntad a otro en la pareja, hacer perder a ambos.

Una pareja sana se distingue porque sabe que el amor se construye cada día bajo los cimientos de la confianza.

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Multitarea, la ilusión de aprovechar el tiempo

Ver la tele, mientras consultas tus redes sociales y de vez en cuando hablas con tu pareja, ¿parece impresionante verdad? Estás en todo y tienes la sensación de que aprovechas más el tiempo, pero quizás lo que no sepas es que la multitarea perjudica a tu cerebro.

La multitarea o hacer muchas cosas a la vez equivale a no atender a todas ellas de la manera que se merecen, fomentando la distracción y acostumbrando a nuestro cerebro al cambio constante.

Nuestra capacidad de atención es limitada por lo que nuestro rendimiento también lo será cuando practicamos la multitarea, teniendo como consecuencia una gran pérdida de eficiencia cognitiva, emocional y relacional.

De ahí que te pierdas una parte fundamental de la película que estabas viendo, no terminases de entender la frase que leíste en Facebook o que te olvidarás de lo que acordaste con tu pareja, ¿te resulta familiar?

Mujer con ordenador

Creer ser eficientes, sin serlo

La paradoja se encuentra en que a pesar de ello, según un estudio llevado a cabo por Zhen Wag, la multitarea es reconocida por el cerebro como productiva, creando la ilusión en la persona que la desempeña de que está siendo muy eficiente, aumentando su nivel de satisfacción.

Desafortunadamente, los resultados son todo lo contrario debido a la capacidad limitada de nuestra atención. Lo que ocurre es que la persona multitarea no se da cuenta y cae en el autoengaño, repercutiendo en su entorno; pues también son vistos desde fuera como eficientes.

Es la liberación de dopamina la responsable de este autoengaño, pues cada vez que cambiamos de tarea o actividad, se generan pequeños impulsos de placer. Por lo que las zonas de recompensas de nuestro cerebro están encantadas de que veamos la tele, mientras ojeamos el móvil y hablamos con nuestra pareja.

Nuestro cerebro no está diseñado para trabajar con varias tareas al mismo tiempo o atender a varias cosas a la vez, si éstas no están automatizadas y se encuentran en distinto orden. La multitarea es una ilusión.

El cerebro según el investigador Clifford Nass va creando áreas diferenciadas para cada una de las tareas y va saltando de una a otra. Lo recomendable según Nass a nivel laboral, es dedicar al menos unos 20 minutos a cada tarea antes de cambiar.

Estrés como compañero de vida

Ahora que sabemos un ápice de cómo funcionamos y qué mundo nos creamos cuando somos multitarea, no podemos olvidarnos del nivel de estrés derivado.

Las personas multitarea tienen al estrés como compañero de vida. Lo que ocurre es que a veces se hace visible y es sentido como un nudo en el estómago o la sensación de agobio y otras veces, permanece latente y se manifiesta en pequeñas dosis puntuales.

Mujer con las manos en la cabeza

Nuestro cerebro necesita tiempo de descanso y desahogo para pensar con claridad, generar nuevas ideas o ser más creativos. De hecho, ese no parar en ningún momento puede servir para evitar el contacto con nosotros mismos y no escucharnos. Otra gran paradoja que se erige en nuestros tiempos, cuando disfrutar del momento presente es uno de los mensajes que más proporcionan los medios de comunicación.

El dilema en el que nos encontramos es tal que si no nos conectamos a nuestras redes sociales y hacemos varias cosas a la vez ya sea en casa o en el trabajo no estamos a la última ni somos eficientes, pero si tampoco sabemos conectar con nosotros mismos no seguimos la tendencia.

Desconexión como opción

Necesito desconectar” es para las personas multitarea un mantra que repiten constantemente en su día a día. La cuestión es ¿están dispuestos a cumplirlo?

La pregunta parece sencilla de responder pero el pensamiento en ocasiones no concuerda con los actos. Seguramente porque cuando se toma un respiro siempre hay unos minutos para actualizar el Facebook, publicar un tuit o cargar una foto en el Instagram. Volvemos sin querer al vicio de la multitarea.

Quizás nuestras vidas se van volviendo más ajeteadras porque poco a poco vamos automatizando la intolerancia a un momento de pausa. Ya no basta con una amena conversación, tumbarnos un rato en la cama, escuchar música o leer un libro, queremos un todo o nada y esa nada, nos resulta indiferente.

Libro

Desconectar del bullicio para escucharnos nos aburre o ni siquiera lo imaginamos. Aunque sea la mejor opción para renovarnos. La desconexión es la opción. Escucharte y respirar. Pero esa elección ya depende de cada uno de nosotros.

Ya lo decía Einstein “Un hombre capaz de conducir de forma segura mientras besa a una joven hermosa, simplemente, no presta al beso la atención que se merece”.

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Saber escuchar

Solemos creer que sabemos escuchar, pero en realidad lo único que hacemos en la mayoría de las ocasiones es preparar lo que vamos a decir cuando nuestro interlocutor acabe. La escucha es una realidad ausente en nuestras conversaciones.

Oímos más que escuchamos y esto podemos comprobarlo en nuestro día a día. ¿No le sucede que mientras habla con su jefe está pensando en lo que le quiere transmitir o incluso, lo que le queda por hacer? O quizás, mientras su pareja le cuenta alguna preocupación, se encuentra sumergido en las suyas propias…

Poner el piloto automático se nos da muy bien, pero escuchar es mucho más que oír. Escuchar es prestar atención a lo que nos dicen y a lo que nos decimos, es profundizar con intención en el mensaje que estamos captando, sintiendo el impacto emocional que las palabras y los gestos conllevan.

Quizás si escuchásemos más, muchos de los malentendidos que surgen en nuestro día a día no ocurrirían o se se solucionarían de manera mas sencilla. Porque al escuchar empatizamos con el otro.

De esta manera, la mayoría de las personas solo oyen, porque la habilidad de escuchar requiere liberarse de los automatismos y las miopías de nuestras opiniones, sabiendo que hay otras perspectivas además de la nuestra y otros elementos además de las palabras.

Escuchar necesita de una actitud de apertura, transparencia e intención de comprender y empatizar con el otro.

Dos cabezas de colores

Ya lo dijo el gran poeta Goethe “Hablar es una necesidad, escuchar es un arte” y como todo arte, la escucha requiere de técnica y estrategia para hacer posible una comunicación efectiva. Aquella en la que el encuentro con el otro se torna auténtico y real porque hemos dejado de estar pendientes de nuestro ruido mental.

Es imposible atender a los demás si nos encontramos repletos de pensamientos que revolotean en nuestro interior esperando el momento para ser libres. Comunicarse de manera efectiva solo es posible a partir del saber escuchar, lo cual solo se consigue silenciando nuestra mente y estando en el momento presente.

De ahí la importancia de la escucha, porque más allá de conocer al otro y conocernos, escuchar es aquel intercambio que nos permite ampliar nuestro mundo con otras perspectivas y posibilidades. Escuchar al fin y al cabo, consiste en enriquecerse juntos. Porque solo cuando escuchamos con interés al otro, abrimos la puerta para que se comunique con nosotros.