De mitos y leyendas: el funcionariado público

He crecido con la idea de que todo el funcionariado español vagueaba, el 60% sobraba y el 40% no hacía bien su trabajo. Ningún funcionario me lo rebatió nunca, más bien todo lo contrario. En mi familia tengo un caso muy cercano de empleado público, ya muy mayor, que me contaba cómo sobrevivir en la empresa pública. “Tienes que copiar lo que hacen tus compañeros: trabaja lo que ellos trabajen, tómate los descansos que ellos se tomen y vete a casa cuando ellos lo hagan. Así nadie te tomará por tonto”.  Sí, señores, mi cercano pariente ha trabajado siempre rigiéndose por lo que sus compañeros pudieran hacer y no por lo que su puesto hubiera requerido. Él, además, se ha encargado de contarme las clásicas leyendas del funcionariado español desde que tenía edad de ser entretenida con cuentos infantiles. Supe entonces que existen funcionarios que han aprobado oposiciones de un rango superior a su puesto, gracias al duro estudio que llevaban a cabo durante su jornada laboral. Que algunos funcionarios se divierten compilando libros de recetas de Internet que imprimen y encuadernan para sus recién independizados hijos. O que el teléfono de su despacho hacía las veces del propio.

Así crecía y me hacía mayor. Cuando tuve edad de enfrentarme al mundo burocrático por mí misma, ya sabía lo que me esperaría detrás de las ventanillas de la Administración. Ni las largas colas, ni las interminables esperas, ni las rancias caras del personal del turno me sorprendieron o molestaron: contaba con ello. Hubo quien pagó su congelación de sueldo y aumento de horas laborales conmigo, pero ni arrugué el entrecejo mientras lo hacía.

Todo era como imaginaba que iba a ser hasta hace un par de meses. Después de 27 años con esta idea firme en mi cabeza, resulta que consigo una beca y empiezo a trabajar en la Universidad. Rodeada de jóvenes funcionarios, he podido comprobar que la España, la Extremadura de hace 10 años dista mucho de la actual y que el funcionariado público puede estar motivado con lo que hace, ser productivo y competente, trabajar sus horas y hacer lo suyo sin olvidar lo de sus compañeros.

Puedo y debo decir esto porque he tenido la suerte de haber conocido a Jesús y a Elena quienes, junto con un grupo más trabajadores del mismo centro, me han ayudado a desprenderme de mis viejas ideas sobre el funcionariado. Ellos son jóvenes y están entregados a cada pequeña cosa que se les pide. Están de cara al público y veo como sonríen y son eficientes. No hacen llamadas personales durante sus horas de trabajo, no están más de media hora fuera con la excusa del café, no ponen calefactores innecesarios o usan un bolígrafo de más. Respetan las normas y adoran su trabajo, o eso es lo que transmiten. Y es eso justo lo que necesitamos, lo que necesita también el país, y  tengo la certeza de que será lo que irá ocurriendo, porque puestos a creer en alguno de los principios que mi viejo pariente me enseñó, yo, como el resto de los nuevos, copio lo que hacen mis compañeros, trabajo lo que ellos trabajan, me tomo los descansos que ellos se toman y me voy a casa cuando ellos lo hacen y, así, nadie me tomará por incompetente. Gracias Jesús y Elena por acabar con las falsas leyendas.

 

Sobre chusysublog

Chus Villegas Periodista, filóloga.