Lo que hay detrás de las cifras

 

La Universidad de Galway organiza cursos gratuitos de inglés cada año, consciente de que son muchos los inmigrantes que llegan a la ciudad (y al país en general) con un nivel muy bajo del idioma y que, por tanto, difícilmente podrán encajar en el sistema. En Londres hacen algo parecido, aunque en este caso está relacionado con las nuevas de políticas del Gobierno británico de reducir las ayudas sociales a los inmigrantes que no consigan dominar el inglés.

En cualquier caso la intención es buena, pero deberíamos dejarlo ahí porque cuando uno entra en estas clases se da cuenta de que eso es todo. En Londres, por ejemplo, conseguir una plaza es prácticamente imposible y, si lo haces, la prueba de clasificación o  de nivel es tan simple que todos van al mismo grupo: intermedio. Lógicamente el desequilibrio es tal que las clases no son productivas como tampoco lo es la metodología ni los medios. Al final, uno acaba el curso igual que lo empezó, aunque algo más frustrado.

Sin duda, cuando alguien decide emigrar su primer y fundamental obstáculo es la barrera idiomática, y los españoles lo sabemos. La semana pasada me pasé por la Universidad de Galway y corroboré que el sistema es el mismo que en Londres o que en otras ciudades aunque algo ha cambiado. Hasta ahora lo frecuente era encontrarse con un gran número de paquistaníes, bangladesíes o iraníes en las aulas, sin embargo, el lunes pasado en la Universidad de Galway había 13 estudiantes españoles de un total de  18 alumnos, lo que es una muestra evidente de la evolución de la tasa de emigración española. Sin embargo, esto parece que ha dejado de sorprendernos o escandalizarnos, en parte, por presentarlo solo como cifras o datos estadísticos en los medios cada día. “Cada año se marcharán medio millón de personas por la falta de trabajo y perspectivas, es decir, en torno al 10%, españoles”, informaba el INE hace unos meses y la angustia no duró más que el trago de café con el que acompañábamos la lectura de la noticia.

Es por ello, por lo que voy a presentarles brevemente a quienes están detrás de esos números:

María tiene 26 años, buena expresión oral y trabajo como camarera. Jordi está sin empleo y con los exámenes oficiales suspensos. Alberto tiene 32 años y lleva ocho meses viviendo aquí. Tono echa de menos Galicia y aún no se ha adaptado a la ciudad. Ernesto es tímido y eso le dificulta mejorar en la expresión oral. Carlota tiene 42 y es la mayor de la clase. José tiene 22 y estuvo cinco meses sin encontrar trabajo porque tiene dificultades con la compresión oral. Kike planea volverse a España en unos días para pasar una semana de vacaciones en su tierra, Valencia. María José es la que menos tiempo lleva, tan solo tres semanas, pero tiene buena base de inglés. Alfredo llegó hace cinco meses y lo hizo con trabajo. Mercedes se vino porque  su marido encontró un trabajo aquí y ella decidió acompañarlo. Fran no encuentra trabajo y está pensado en irse a Inglaterra. Domingo dice que las chicas lo tienen más fácil porque se las contrata antes para trabajos de cara al público.

Esto es lo que esconden los números. Espero no haberles angustiado durante todo su café. O sí.

Sobre chusysublog

Chus Villegas Periodista, filóloga.