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Zurdos en Japón

zurdos en Japón

Imagen: Pixabay

He leído en Internet, a modo de ejemplo del repudio que han sufrido los zurdos durante siglos, que los japoneses tenían la potestad de repudiar a su esposa si descubrían, una vez casados, que no era diestra. Hoy día los zurdos suponen alrededor del 10 % de la población, unos datos más menos parecidos en todo el mundo, con la sospechosa excepción de Japón, donde solo el 2 % se confiesa zurdo.

La zurdera no es más que la tendencia a manejarse con el lado izquierdo del cuerpo. Salvo esta pequeña “disconformidad”, no encontraremos más rasgos diferenciadores entre los zurdos y el resto de la humanidad, teorías irrazonables aparte. Si se les ha estigmatizado y obligado, entre otras cosas, a escribir con la mano derecha es solo porque la mayoría de la gente es diestra. Es obvio que la superioridad numérica marca las pautas.

Este es uno de los motivos por los que los seres humanos somos gregarios: queremos sentir confort rodeados de personas que, a priori, son iguales a nosotros. De ahí la querencia con la que numerosos ciudadanos se congregan en tantas manifestaciones realizadas al cabo de año. En estos eventos no es tan importe demostrar que son justos como demostrar que son muchos. Ser muchos conlleva tener razón.

Esto explica también que los productos más vendidos realicen más ventas por el mero hecho de estar bien situados en el ranking o que determinados ciudadanos tiendan a votar al partido que va primero en las encuestas, sea el que sea. El grupo da cobijo, seguridad, apoyo. Bien lo saben –por carecer de él– quienes padecen una enfermedad rara. Estos sufren por partida doble: por un lado, debido a sus dolencias; por otro, por no tener una comunidad en circunstancias parecidas que aporte no solo comprensión sino también soluciones médicas.

Antropológicamente, hay motivos para desear formar parte de la manada. Cualquier cosa es preferible a ser un zurdo en Japón.

 

Francisco Rodríguez Criado. Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 17 de octubre de 2018).

Japoneses en Japón

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Corrección de estilo. Un consejo lingüístico diario

Semanas atrás me propuse redactar un consejo lingüístico diario (de lunes a viernes) que ilustrara, con ejemplos muy prácticos, mi tarea como corrector de estilo. Se trata de breves apuntes en los que rescato errores de escritura habituales, con su consiguiente corrección. Pensé que sería una buena idea que los lectores aficionados al lenguaje –que son más de los que se cree– pudieran ensanchar, dejando a un lado mis limitaciones, sus conocimientos lingüísticos.

Podéis leer estas píldoras lingüísticas en mi muro de Facebook y de Twitter, en este último caso solo aquellas que no sobrepasan los 280 caracteres permitidos por la exitosa red social. Debo de decir que no he fallado un solo día y que hasta la fecha ya son 40 las minilecciones de corrección de estilo disponibles en mi blog ESCRIBIR Y CORREGIR, en la página que he titulado Corrección de estilo en Facebook y en Twitter. (La ventaja de leerlas en el blog es que ahí están reunidas todas, una tras otra).

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¿Por qué enganchan las novelas?

Leo en la revista Jotdown que un grupo de científicos norteamericanos cree haber descubierto las causas por las que una novela engancha al lector. El estudio analizó el uso de las palabras y la gramática de novelas de éxito para averiguar en qué coinciden, o lo que es lo mismo, qué elementos diferenciadores las separa de las novelas fracasadas.

Estos investigadores han llegado a varias conclusiones, según ellos relevantes. Por ejemplo: que las novelas de éxito apuestan por verbos que describen procesos mentales (como “reconoció” o “recordó”), mientras que en las de poco éxito abundan palabras que sugieren acciones y emociones (“quería”, “cogió”, “prometió”…). Una de las conclusiones más asombrosas es que la lectura fácil no predispone hacia el éxito… sino hacia el fracaso. Sigue leyendo »

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Dos relatos cortos en “Los zapatos de Knut Ham

Os dejo un par de relatos cortos incluidos en mi último libro, Los zapatos de Knut Hamsun, publicado por De la Luna Libros.

Espero sean de vuestro agrado.

EL DISCURSO DEL HOMBRE INVISIBLE

–Y por lo que a mí respecta –sentenció el hombre invisible tras un largo e interesante discurso–, no soy más que lo que veis.

La muchedumbre, que no veía nada, se dio media vuelta y abandonó en silencio la plaza, sintiéndose estafada. Es cierto que le habían gustado sus sabias palabras, pero vivían en una sociedad –como ocurre con la nuestra– que premiaba no lo que se dice sino quién lo dice. Y resultaba del todo inaceptable aplaudir a un hombre que no da la cara…

El hombre invisible, avergonzado, se retiró allá donde nadie pudiera verle.

 

ADIÓS, PENÉLOPE

No es cierto que Ulises terminara sus días al calor de Penélope. De regreso al hogar, las aves le contaron que la paciente Penélope le había sido fiel durante veinte años y que había rechazado a numerosos pretendientes mientras tejía su moroso tapiz. Y Ulises, empujado por sus complejos de inferioridad, sintió miedo de no estar a la altura moral de su amada. Entonces, cuando estaba arribando a las costas de Ítaca, decidió darse media vuelta y volver a los brazos de la ninfa Calipso a sabiendas de que el bueno de Homero ya arreglaría el asunto.

Francisco Rodríguez Criado

Otros relatos cortos

 

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Las plumas estilográficas y los escritores

Son muchos los escritores que han rechazado herramientas de escritura como la máquina de escribir o el ordenador a favor de la pluma estilográfica, o que al menos la utilizan como paso preliminar (primero conciben su obra con la pluma y luego la pasan, por lo general, al ordenador).

Han sido muchos los autores insignes que escribieron sus obras con pluma estilográfica. Sin ir más lejos, Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura, aunque luego se encargaba de pasar los textos a la máquina de escribir. Neruda decía que experimentaba mayor sensibilidad escribiendo a mano. Sigue leyendo »

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Un Gran Slam no se gana solo

Rafa Nadal ha ganado el US Open, su decimosexto título de Grand Slam. Son muchos los titulares que podría haber escogido la prensa tras su victoria, pero algunos medios han optado por entrecomillar sus palabras sobre la inconveniencia de celebrar el referéndum del 1-0.

Los redactores habrán elegido ese titular porque lo habitual es que un deportista de elite escurra el bulto en estos asuntos. Nadal, sin embargo, ha expresado abiertamente su deseo de que Cataluña siga perteneciendo al territorio español. Cabe suponer que a muchos aficionados del Barça les preocupa que la desconexión de España suponga también la desconexión de la Liga española, tal como ha asegurado una y otra vez su presidente, Javier Tebas. Y, sin embargo, callan.

Grand Slam

Tenista Rafa Nadal

Los independentistas, todo ardor revolucionario, airean sus deseos secenionistas a la primera de cambio; los constitucionalistas suelen ser más recatados. Es difícil quitarse de encima los complejos adquiridos durante mucho tiempo. Pero los independentistas, digo, están hechos de otra pasta: les gusta compaginar su vehemencia conquistadora con el victimismo. Se sienten cómodos en ese binomio. La ilegalidad de sus actos no es para ellos sino un ejercicio de romanticismo libertario.

En Cataluña gobierna una casta de políticos aún más mediocre que la del resto del país, y ya es decir. Ahora pretenden vendernos que con su desobediencia imitan a Rosa Parker, la mujer de raza negra que cierto día se negó a levantarse  del asiento del autobús reservado a los blancos. La idea, por abstrusa que parezca, ya ha colado en ciertas mentes.

Rajoy ha dicho que sabe lo que ha de hacer. Me alegro, pero está por ver si don Mariano decide finalmente subir a la red para ganar el partido o si hará como siempre: despejar desde el fondo de la pista las pelotas fáciles. Y así, claro, no se ganan los Grand Slams. Rajoy debería aprender de Nadal y sudar la camiseta.

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo. Edita el blog Narrativa Breve, todo un referente para amantes de relatos cortos para adultos y cuentos infantiles.

(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 13 de septiembre de 2017).

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Hoy comemos con: Francisco Rodríguez Criado

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© Fotografía: Francis Villega, El Periódico Extremadura

 

El pasado domingo, 27-3-2016, salió publicada en este diario la entrevista a doble página que me hizo Miguel Ángel Muñoz para la sección “Hoy comemos con”, que se publica cada domingo.

Podéis leerla aquí.

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El hijo sano

Muchos nos hemos preguntado en alguna ocasión qué tal evoluciona Kike, el hijo de Bertín Osborne que nació con una grave lesión cerebral. Sabemos por los medios de comunicación que ha aprendido a leer siguiendo un método americano, que se comunica bien con las personas de su entorno y que está comenzando a caminar con la ayuda de un andador. A poco que alguien investigue, accederá a más detalles sobre el afán de superación de este niño de nueve años que progresa lenta pero adecuadamente. De quien tenemos menos datos es de su hermano menor Carlos, quien cierto día, afligido por lo sesgado del interés mediático, le dijo a su padre: “Papá, recuérdale a la gente que tienes otro hijo”.

Es el estigma del hijo sano. Es el estigma de crecer fuerte y saludable junto a un hermano frágil a quien se cuida 24 horas al día con esmero clínico. Es el estigma de haber nacido en una familia donde las necesidades del hermano frágil le restan énfasis a la buena marcha de quien ha venido al mundo sin problemas. Es, lo diré ya, la discriminación positiva familiar.

Supongo que el hermano de Kike, y también otros chicos que están en su situación, comprenden. Comprenden que los desvelos, unas veces justificados y otras excesivos, hacia el más necesitado de la familia no son ni mucho menos un menosprecio hacia su persona y que la sobreprotección a un hijo frágil no implica la desprotección del sano.

Expreso mi solidaridad con estos hijos sanos con hermanos frágiles cuyos padres ven sus progresos (gatear, caminar o controlar el esfínter) como la consecuencia lógica de tener buena salud. Al convivir con un hermano especial desde la más tierna infancia, estos hijos normales desarrollan una madurez y una inteligencia superior y suelen ser muy responsables.

El padre quiere tanto al hijo sano tanto como al frágil, pero aun así no podrá evitar la sensación de tener una deuda impagable con el primero.

Francisco Rodríguez Criado

(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 3 de marzo de 2016).

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Oficios perdidos de Extremadura

Oficios perdidos de Extremadura

Oficios perdidos de Extremadura, de Francisco Rodríguez Criado

Oficios perdidos de Extremadura (Editora Regional de Extremadura, 2013)

He publicado un nuevo libro en colaboración con dos excelentes fotógrafos: Rosa Isabel Vázquez y José Antonio Fernández. Oficios perdidos de Extremadura, pues así se llama la criatura, es un reportaje novelado en el que doy voz a un colectivo al que los tiempos modernos están castigando duramente: los artesanos extremeños, hoy día en vías de extinción.

Tenéis aquí toda la información.

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La mala salud de hierro del microrrelato

La mala salud de hierro del microrrelato (incluye diez posibles semi-recetas)

Francisco Rodríguez Criado

 

1. El peligro de premiar o elogiar microrrelatos “flojos” (valga el eufemismo) en certámenes literarios o en la prensa no se circunscribe solo al microrrelato. Cualquier lector avezado está harto de leer relatos de mayor extensión y también novelas que han sido premiados injustificadamente por un jurado no especializado. (El caso se agrava cuando el jurado es presuntamente especializado).

2. En los últimos años se han escrito toneladas de microrrelatos de escasa calidad. Esto no es preocupante, sino más bien todo lo contrario. Se necesitan millones de argentinos que jueguen al fútbol para parir un Maradona o un Messi. También se han escrito millones de malos poemas (la mala poesía existe desde que existe la buena poesía, o incluso antes), y pese a todo el género de la poesía ha sobrevivido hasta nuestros días. El problema es cuando uno no sabe distinguir los malos poemas de los buenos, o ya que estamos en materia: los malos microrrelatos de los buenos.

3. Un error sintáctico–gramatical en una novela de 300 páginas puede pasar inadvertido. Descuidos de este tipo son “avistados” con lupa de gran aumento cuando se trata de un microrrelato. Si tu punto débil es la gramática, reza para que también sea el punto débil de tus lectores.

4. Hay más similitud entre el microrrelato y la poesía que entre el relato y la novela, género que por lo general descuida elementos del microrrelato como la intensidad o la síntesis argumental.

5. Los autores, editores y lectores hacen muy mal en vender -por activa o por pasiva- el microrrelato como un género con poco recorrido. La teoría de estas personas –creen que así defienden el género– es que leer muchos microrrelatos seguidos puede aburrir, que lo aconsejable es leer cuatro o cinco y a continuación alternarlo con otras lecturas. Me opongo enérgicamente a esta idea negligente. El mensaje que se envía al lector es que se trata de un género menor, insustancial, un mero pasatiempo. Debemos aprender de los poetas, los novelistas, los ensayistas o los autores de teatro. Todos ellos aspiran a que sus libros sean leídos enteros, de principio a fin. Sigo sin comprender por qué el microrrelato merece menos respeto y atención que otros géneros. Lo preocupante es que sean precisamente los más interesados quienes envíen este mensaje a los lectores. Si no conseguimos cautivar a los lectores más allá de los cuatro o cinco asaltos, a lo mejor sería mejor que nos dedicáramos a otros asuntos igual de improductivos, como, por ejemplo, la localización de dinosaurios.

6. Hablando de estos animalitos, “El dinosaurio“, de Augusto Monterroso, no es el microrrelato más breve del mundo, como se dice tantas veces, aunque posiblemente sea el más popular. En mi opinión es un microrrelato sobrevalorado que no hubiera tenido la menor difusión si llevara la firma de un desconocido. El mejor valor -yo diría que el único- de “El microrrelato” no es el texto en sí, sino el atrevimiento de Monterroso al publicarlo como tal.   Cualquier fábula del gran Monterroso merece mejor trato que el citado microrrelato. Además, ha hecho daño al género, porque algunos identifican el género con el dichoso bichejo y su circunstancia. Yo aconsejaría a estas personas (entre ellas a Javier Marías) que leyeran las obras completas de Monterroso y que dejaran el dinosaurio para el final.

7. Decía antes que últimamente se han escrito toneladas de microrrelatos de escasa calidad. Quedémonos con lo bueno: son también toneladas de personas las que han encontrado una vía de escape en el acto de escribir minificciones. Sigo pensando que escribir con intención creativa es en sí misma una buena terapia psicológica. (Por ser positivo, vaya).

8. Los organizadores de concursos deberían tener en cuenta que una narración de medio folio o incluso un folio sigue siendo un microrrelato (siempre y cuando, claro, mantenga los elementos característicos del género). Hay vida para el microrrelato más allá de los 140 caracteres, una extensión que, por su precariedad, se presta más a la banalidad que otros textos más extensos. (La enjundia necesita cierto espacio).

9. El microrrelato se está desangrando en la mesa de operaciones, no por defecto -como ocurría antes- sino por exceso de transfusiones de sangre. Se están organizando demasiados concursos promovidos por personas que desconocen cómo funciona este género. Concursos que a su vez reciben las aportaciones de centenares de personas que también desconocen el género (no todas, claro). Al premiar “microrrelatos terapéuticos” -la etiqueta es mía-, a menudo de escasa calidad, se está fomentando un microrrelato canónico equivocado. Premiar la banalización implica impulsarla.

10. ¿Qué debería leer una persona que quiere enfrentarse dignamente al género del microrrelato? Esta es mi opinión: debería leer ensayo, novela, teatro, prensa, la Biblia, manuales de gramática, columnas y notas de prensa, cómics, los manuales de electrodomésticos, grafitis (o “grafitos”, como prefiere el DRAE), lemas de manifestaciones, blogs, libros sobre aritmética, libros sobre mitología, libros sobre geografía, libros sobre el origen del mundo, libros sobre el lince ibérico, libros teológicos, libros de recetas de cocina, libros sobre bricolage, leer el parte meteorológico, libros sobre perros, la guía telefónica, leer NarrativaBreve.com y otros blogs similares, los discursos de Obama y los que ya no volverá a pronunciar George Bush. Libros sobre la esclavitud, sobre el imperio de Roma, sobre Enrique VIII y sobre el reciclaje de basura. Habría que leer centenares de libros (¿por qué no miles?). Y luego, si uno tiene tiempo libre, leer a Monterroso, Denevi, Mrozek, Kafka, Borges, Cortázar y otros autores indispensables. Después de esta “machada” no parece imposible del todo superar la mala influencia que suele ocasionar de la lectura de “El dinosaurio”.

 

Francisco es escritor y profesor de talleres literarios. Algunos de sus microrrelatos han sido publicados en las mejores antologías del género.