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María José Trinidad Ruiz - Técnico en Informática. Diplomatura Turismo

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Bushido. Valores de guerrero para tiempos de guerra.

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“Bailarinas” Paula de Miguel

El Bushido es un conjunto de valores y principios morales transmitidos a los caballeros, los samurais, que fueron guerreros del antiguo Japón (s.XII – s.XIX).

Hoy en día, sus principios inspiran a la élite financiera y comercial del país del sol naciente y a gran parte de su población en su vida diaria. Sus valores y cultura permanecen a través de leyendas e historias, en el alma de quien las cuenta y en el corazón de quien las lee.

Sus virtudes son el honor, la lealtad, el respeto, la rectitud, la honestidad, la benevolencia y el coraje.

Dirigen sus plegarias a un espejo que les devuelve su propia imagen a modo de penitencia: conócete a ti mismo. Cruel brevaje para quien anhela consuelo inmediato. El Bushido, centra en el interior de las personas y en su carácter, su más alto grado de valor.

El orgullo de representar una profesión era en sí una recompensa, realizar el desempeño con dignidad, servir de faro y establecer un código moral que constituya las entrañas del proyecto. El representante de cualquier gremio que merezca, debe ser el más instruido de todos, el más entregado, que anteponga las prioridades de su profesión con rectitud y justicia a las suyas propias, siendo repugnantes los tratos bajo cuerda y los negocios deshonestos. No puede representar a sabios aquel que solo estudia analectas (extractos de escritos de filósofos).

La caballería era antieconómica, con ideas cervantinas que al igual que Don Quijote, cifraban su orgullo en una rústica lanza y un caballo leal antes que en el oro y el poder, desdeñando el dinero, el arte de obtenerlo y acumularlo. La honradez estaba ligada a la cultura samurai tanto como su espada. Comerciantes anglosajones, pícaros en esencia, aseguraban que la honradez es el precio que se paga por ser honrado.

Y no solo en la batalla reconocían el coraje, asomáronse a la compostura de quien daba tranquilidad y reposo, de quien creaba belleza en medio de adversidades, del que componía versos e incluso una buena sopa de miso. Coraje es acariciar con la mano que no te sangra.

No pretendían los samurais la deshonra de sus oponentes pues un contrincante valeroso confería grandeza y prestigio a la contienda, siendo así la benevolencia en el triunfo un gesto de prestigio. Nietzsche lo menciona “Debéis estar orgullosos de vuestro enemigo porque entonces su triunfo será también el vuestro”.

A los niños se les enfrentaba desde su infancia al miedo, así como las enseñanzas que la vergüenza podía ofrecer. De hecho, observa Inazo Nitobe, el primer castigo que padeció la humanidad por saborear el fruto prohibido no fue el dolor del parto, ni las espinas y cardos, sino el despertar del sentimiento de la vergüenza.

Recuerda a los samurais cuando maldigas: Mucho miedo y poca vergüenza.

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“Japón” Paula de Miguel

Respecto a la cortesía no hay definición que pueda superar a la de NitobeLa cortesía es una pobre virtud cuando solo está motivada por el miedo de ofender el buen gusto, ya que debe ser la manifestación externa de una consideración empática hacia los sentimientos de los demás y debe contener verdad, pues si no es una farsa, un simple espectáculo”.

Una nueva sociedad en la que los actos heróicos no tenían cabida, menos dispuesta a un férreo sentido moral y más democrática, acabaron con siete siglos de historia samurai.

Para amar a estos hombres menudos hay que adentrarse sin rechazo en su adiestramiento, abstenerse de juicios y situarse en ese punto de la historia, en ese lugar de Japón donde la vida propia o ajena se sacrificaba por honor o deshonor, con la ambigüedad que se recoge en estos términos, valorar que asumían la lealtad por encima de la responsabilidad ante sus hijos o que respetaban a las mujeres hasta el límite donde era permitido hacerlo.

Si hay remedio, se solucionará; si no lo hay, se curará con el tiempo. Todo cicatriza, no perdáis la calma ni el valor de manteneros siempre erguidos, habrá alguien más débil que vosotros y debéis sostenerlo. Si enfermáis, queridos hijos, que no sea del alma”… “Instrucciones a mis hijos” Magdalena S.Blesa

María José Trinidad Ruiz
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La excelencia desde el campo a la mesa

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España es la despensa alimentaria de Europa, posición hegemónica ganada a pulso, con una gran capacidad productora, fruto del esfuerzo y buen hacer, desarrollo en tecnología e innovación junto con la climatología y riqueza natural de la tierra. La agricultura, sector primario, repercute en aspectos sociales, ambientales, económicos y culturales, por lo que podría ser también sector prioritario.

Nuestros agricultores se han echado a la calle reclamando un reparto equitativo de los beneficios que genera la producción agrícola y que  la agricultura pueda seguir siendo el motor del medio rural, evitando el despoblamiento, entre otros objetivos.

Los restaurantes que basan sus procesos en la calidad (gestión, aprovisionamiento, personal…) contribuyen al desarrollo de la región de una forma sustentable en el tiempo, al bienestar de las personas y a la mejora de la economía. Estas prácticas sostenibles se proyectan en el respeto al producto desde su origen hasta la puesta en la mesa sin olvidarnos de los componentes que oscilan alrededor: ecosistema, personas y por supuesto beneficios económicos. De forma directa e indirecta, estas prácticas influyen en las bases del proceso alimentario que es el campo.

Una representación de restaurantes con alto grado de compromiso y pasión por el mundo gastronómico, que reflejan en la excelencia de sus platos, son los restaurantes con Mención MICHELIN.

En el sector culinario, obtener una mención especial en las principales guías o listas gastronómicas del mundo implica estar en posesión de un reconocimiento en cuanto a calidad que otorga una imagen prestigiosa, elemento diferenciadoguia-michelin-knIH-U601441322945jnD-624x885@Idealr de la competencia y que genera confianza en los clientes. Una de las más reconocidas es la guía MICHELIN, con varias menciones y distinciones siendo la más popular las Estrellas MICHELIN.

Esta guía nace de la mano de los hermanos André y Edourd Michelin que tenían una empresa de neumáticos (1889) y pretendían incentivar a los automovilistas a lanzarse a la carretera a través de un manual que facilitara el viaje indicando puntos de interés en el mapa para comer, alojarse o repostar así como instrucciones para cambiar una rueda.

La guía evolucionó pasando a valorar con estrellas los establecimientos de restauración, convirtiéndose en un referente mundial en el campo de la gastronomía. En Extremadura hay 15 restaurantes con Mención MICHELIN 2020 que son:

Badajoz
A de Arco. Mérida. http://www.adearco.com/
El paso del agua.  Badajoz. http://www.restauranteelpasodelagua.es/
Lugaris. Badajoz. http://www.restaurantelugaris.es/
La Rebotica. Zafra. http://www.lareboticazafra.com/
El Acebuche. Zafra. http://www.elacebuchedezafra.com/
Cáceres
Madruelo. Cáceres. http://www.madruelo.com/
Javier Martín. Cáceres. http://www.restaurantejaviermartin.com/
alBalat. Cáceres. http://www.restaurantealbalat.com/
Atrio. Cáceres. http://www.restauranteatrio.com/
El Palancar. Pedroso de Acim. http://www.elpalancar.com/
Corral del Rey. Trujillo. http://www.corraldelreytrujillo.com/
La Era de mi Abuelo. Arroyomolinos de la Vera http://www.pdelalba.com/
La finca. Jafaíz de la Vera. http://www.villaxarahiz.com/
Nardi. Hervás.  http://www.restaurantenardi.com/
El Almirez. Hervás.  http://www.restauranteelalmirez.com/

Extremadura es Destino Gastronómico por la excelencia en restauración, por el patrimonio natural y cultural existente y por la profesionalidad de las personas que la integran. Cáceres ha sido Capital Española de la Gastronomía 2015 y Mérida, Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica 2016 (ambas ciudades Patrimonio de la Humanidad).

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Los agricultores reclaman muchas cosas pero encuentro que la principal o perentoria es la unión de todos ellos. El futuro está en nuestras manos, las que siembran y las que recolectan, las que venden y las que compran, las que cocinan y las que emplatan, y las que comen y las que pagan.

Tomar decisiones que permitan encontrar nuevos caminos donde perderse. Nosotros somos los dueños de esas manos.

“En cierto radical sentido, no hay buenos y malos… hay seres perdidos en un viaje proceloso. Nuestra única posibilidad de llegar a buen puerto es ayudarnos unos a otros” Jorge Riechmann.

María José Trinidad Ruiz

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Recuerdo de una infanta niña. Raynha Mariannina.

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Largilliere Nicolás (1724) Museo del Prado

 

 

A Mariana Victoria (1718-1781) la prometieron cuando aún los pies le colgaban de la silla y juntaba de forma forzada sus labios mientras la retrataban los grandes pintores de la época. Su padre Felipe V la posicionó como pieza de ajedrez, ora en Francia, fracasado intento, y más tarde en Portugal para que sus alianzas florecieran. Matrimonios de conveniencia para Mariannina, que salve el reino y que Breogán lama sus heridas. Y Mariana, hija dulce, obediente y deseosa de agradar creció entre los algodones que crece una reina en el siglo XVIII, algodones envueltos en espinos.

Para ti claveles Mariana y pare diez hijos de los que se morirán seis. (Diez hijos según escritos portugueses, ocho hijos en documentación en castellano). Cuatro mujeres son sus vástasgos, una de ellas su herederada al trono de Portugal.

Tapa las felonías de tu marido en alcobas ajenas a cambio de leer literatura francesa.

Reza en ermitas o viaja a España, que la luz del camino siempre da esperanza, así los desprecios de una familia política descorazonada no te romperán en pedazos tu alma que nunca sana.

Y así Mariana Victoria, encalando y arenando reinaba con pulso de arquero un país en unas décadas tan complicadas, llenas de batallas entre su país adoptivo, Portugal, y el país de origen, España.

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Retrato de Louis XV de Francia con Mariana Victoria de España.  François de Troy (1723) Galleria Palatina

 

Una cárcel sin barrotes parece que fue su palacio. El amor por aquel príncipe  con la que la prometieron cuando apenas tenía 3 años lo contuvo hasta que falleció con 62.  Éste era su primo Louis XV, apuesto y presumido, bienamado por su lista de sus éxitos militares, criticado por sus derroches y sórdidas leyendas de harenes.

Mujer fuerte, inteligente, culta y decidida, una reina de la Ilustración. En Italiano, francés, inglés, portugués y español escribió, leyó y habló, pero como confesó a su acunadora, los olvidaba con facilidad por no tener con quien hablar. Hacía traer muñecas desde París para peinarse y vestirse a su semejanza. Impuso el reinado de su hija que nunca pudo brillar bajo la luz de su madre. Una mujer precursora que genera, aún hoy en día, un interés apasionante.

Más de mil quinientas cartas de su puño y letra atravesaron las fronteras. Madrid, París, Lisboa. Frías, descriptivas y evadiendo temas políticos las que podemos leer, más interesantes serán aquellas que hacen que el número sea impreciso. Correo secreto de una reina que con reticencia confiaba las joyas a sus camaristas.

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 Jean Ranc (1725) Catálogo Museo del Prado (no expuesto).

 

Saber de ella, descubrir tanto e intuir que nunca sabremos todo, me hace sentir como Agota Kristof, escritora húngara que emigró a Francia en la más absoluta de la pobreza y allí estuvo tres años sin poder leer por ignorar el idioma. Ella amante de las palabras, reconoce en su biografía sentirse una analfabeta que fue aprendiendo poco a poco, las formas del lenguaje, sus sonidos, su pronunciación, su significado, construyendo la linde de la escritura, sin que el francés fuera nunca inherente a su persona.

Mucho por aprender.

Prodigiosos de la pluma y analfabetos en sentimientos, que adornan con dulzura lo que escriben para olvidar los rastrojos de sus pasos. No tenemos reparos en ser pero sí en ser nombrados.

Analfabeto el que comienza cuando ya lleva media vida andando. Desaprender, reinventarse, recuperar la ilusión, reconocerse… ser.

Analfabeta la mirada enamorada y no correspondida que transcribe algún código encriptado a su antojo y lee mensajes pretenciosos donde hay el más profundo de los rechazos.

Y que decir de esos que se desangran sin salpicar siquiera, atorados en el lodo, analfabetos en la gestión de emociones.

Y todos los analfabetos mueren, pero no todos viven.

“¿Cómo habría sido mi vida si no hubiera dejado mi país? Más dura, más pobre, pero también menos solitaria, menos rota; quizá feliz” Agota Kristof “La Analfabeta”

En el día de la Natividad, te recordamos Mariannina, para ti generosa Reynha, que nos has dado y enseñado tanto.

“Non omnis moriar”. Maria Anna Victoria de Borbón y Farnesio.

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María José Trinidad Ruiz

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Las cien formas del agua

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En 1835 Mariano José de Larra escribió sobre Alange refiriendo una de las virtudes del agua que allí había. Por entonces era común que las caballerías al beber de charcas y arroyos, tragaran sanguijuelas que las llevaban a desangrarse; en tales casos, solo con llevar el animal al manantial y beber del agua, los bichos sanguinarios soltaban la presa y dejaban libre al paciente. En una nación donde hay tanta sanguijuela solo es de temer, ironizaba Larra, que no haya en Alange agua bastante para empezar.

El agua, carente de forma, tiene más de cien en este vergel de naranjos que inspiró poesía en Carolina Coronado hace casi ya dos siglos.

El agua cambió la morfología del pueblo y un pantano hizo que allá donde había casas, huertas, un campo de fútbol y un río con pasaderas se convirtiera en una inmensidad azul oscuro en la que muchas historias atracaron en su fondo y otras comenzaron en su superficie.

En una bañera de mármol con agua caliente mitigaba mi madre los dolores de espalda.  Los niños se bañaban durante todo el verano en la única piscina del pueblo, bajo una parra llena de uvas. Infinidad de rincones de un balneario con imágenes cosidas al alma con hilo de aramida.

Al menos cuatro albercas, varios pozos, y por supuesto dos fuentes, sitios de encuentro. Visitantes y lugareños, frente a los mismos manantiales a los que se asomaron nuestros antepasados árabes.

Las bestias bebían en pilones mientras las mujeres lavaban la ropa en un lavadero que encierra tantas leyendas como encanto.

A los pies del castillo, aljibes.

No son las caballerías las que ahora vienen a beber aunque siguen siendo sanguijuelas malditas las que adolecen reencarnadas en las prisas y el desasosiego que produce correr hacia ninguna parte. Hay fantasmas que desangran cual sanguinarios parásitos.

Siempre habrá manos sabias, que dirijan y protejan casi invisibles el camino del que empieza. Y le enseñe que el agua no sirve solo para beber. Que el agua es vida, recuerdos e historias.

Y sentido de pertenencia y orgullo.

María José Trinidad Ruiz

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La Tamalera.

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Obra de Juan Gamino Vivas. Maderas talladas e hierro.

Escucho a un sarcástico humorista contar que para gastar una broma a un amigo, buscó la palabra “imbécil” en google y apareció su propia imagen en la segunda página. El sarcasmo y su gracia para reírse de sí mismo me agrada y mucho.  Ya alguien escribió un libro precisamente de hacer esto: buscar tu nombre en google.

La curiosidad es espesa como una gota de mermelada que cae en la parte superior de tu dedo pulgar. O te la quitas rápidamente o una vez olido su dulzor la disfrutas de lleno.  Efectivamente, yo también hice la búsqueda, 11 M de resultados en 0,42 segundos. Trinidad Ruiz Téllez, reconocida científica extremeña, Jose Trinidad Ruiz, militar y predicador protestante mexicano,… Pero hay una que me inquieta como solo la punzante miseria del ajeno puede hacerlo. De forma vergonzante, pudorosa, mirando de reojo para que no salpique, condescendiente y hasta dulcemente triste. Trinidad Ruiz Mares, La Tamalera.

En 1971, en México, Trinidad sobrevivía en la pobreza y la miseria personal que le acompañó cada uno de sus días.  Se separó de su primer marido con el que tenía tres hijos, porque la despreciaba y le era infiel en su propia casa. Con sus niños tan chicos que cabían todos bajo una manta, su ruina, la desolación y ella misma fue a parar  a casa de otro hombre, un peluquero alcohólico, aficionado al boxeo y lucha libre que la maltrató desde el primer día a ella y a la procesión que traía consigo.

Pablo Díaz Ramírez, le robaba el dinero que cada día la mujer ganaba vendiendo tamales, un enrollado de masa de maíz relleno de carne, vegetales o frutas, con salsas y envueltos en hojas vegetales. Los tamales los preparaba ella misma y los vendía en la calle, bajo los portales a precio de suspiro. El peluquero disponía de cada uno de sus suspiros que convirtió en lamentos y en quejidos.

Quítale a una vida los sueños, las esperanzas, el amor, la salud, la capacidad de socializar, la seguridad de sus hijos, anula su voluntad, machaca su naturaleza y con lo que quede, pídele que siga viviendo.

Trinidad lo hizo en ese mundo instalado e  ignorado en el ostracismo, en la pobreza, en la inmundicia. La locura o un rayo de instinto protector se apoderó de ella y una noche mientras el peluquero dormía lo asesinó con un bate de béisbol, a golpe por cada suspiro. Lo descuartizó y vendió tamales durante toda una semana rellenos de difunto. Las extremidades inferiores las encontraron en un vertedero y fueron precisamente éstas, las piernas, las que llevaron a casa de la tamalera.

La cabeza la hirvió en una olla, aún reconocible cuando llegaron los agentes.

Cuarenta años de cárcel la sacaron del infierno y allí murió sin saber que su desgracia se convirtió en una leyenda con distintas versiones como una bruma negra.

Releo alguna ficha policial y ver mis apellidos en esa historia me hace ver lo efímeros que somos. No nos pertenece ni el nombre. Hubiera podido ser otro, también nosotros, hubiéramos podido ser otros. Si ella hubiera tenido posibilidad de leer mi vida, habría deseado que su risa fuera como el peor de mis llantos, que la hubieran amado tanto como lo han hecho en la más nefasta de mis experiencias, que su cima hubiera sido lo que es mi fondo. Solo somos mientras estamos, lo demás es un nombre que pronuncian otros, que serán los que estén, los que sean. Escribir nuestra propia historia es una responsabilidad no endosable.

Pienso que se podría hacer un libro con mis dos apellidos y los cientos de vidas distintas que encierran, Las Cien vidas de Trinidad Ruiz, pero sobre todo pienso en que jamás comeré tamales.

Suerte con la búsqueda.

“Así que en lugar de enseñar a Chizalum a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. Y luego alábala cuando lo haga. (…) Demuéstrale que no necesita gustarle a todo el mundo” Chimamanda Ngozi. Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo.

María José Trinidad Ruiz

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Cualquier mujer pensante solo puede ser feminista.

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Autor: García de Marina. Fotografía.  2013.  www.garciademarina.net

Lo peor de una guerra es no escoger bien al enemigo. El término feminismo (principio de la igualdad de derechos de la mujer y el hombre. RAE 1992), provoca a veces más revueltas que la conquista del mismo, en la que llevamos ya casi 4 siglos, desde que   Marie Le Jars de Gournay  publicara De l’Égalité des hommes et des femmes (1622).  Todavía hay mujeres que recelan en declararse feministas, aún cuando respaldan lo que significa con sus palabras y actos. La estrechez de conocimiento, a veces; el exceso de información tergiversada y loca, otras tantas; la falta de conexión entre cerebro y boca, también.

Y es que son muchas las que se han equivocado y renegado del término, siendo jabatas trabajadoras, independientes e incluso incendiarias reivindicativas. Al menos lo que me consta, si me equivoco seguro que alguien me lo hará saber. La generosidad de corregir  es complaciente en su parte más oscura. Bebe, Paula Echevarría, Taylor Swift, Carmen Posadas, Maribel Verdú, Carla Bruni, Carmen Cervera

Algunas acompañan audio para sordos, Soy feminista, pero desde la igualdad, que es como decir, está lloviendo, pero para abajo. Podría ser que las mujeres que necesitan relevancia  y apoyo social, sientan pánico de ser incluidas en grupos de resentidas, antisociales y en pie de guerra contra el hombre,… no, esto no es feminismo. Recordad: igualdad de derechos.

Y mantengo equivocado como único conducto viable de la posición de negación del feminismo en una mujer, pues como dice Ana Mª Perez del Campo: Cualquier mujer pensante sólo puede ser feminista. 

Existieron sufragistas (termino inicialmente peyorativo para nombrar a las mujeres que pedían el sufragio femenino) que tuvieron el valor de abrir brechas que fueron caminos, algunas con una acción social más enérgica, suffragettes, fueron encarceladas, hicieron huelgas de hambre y hasta perdieron la vida en manifestaciones.  Pienso en ellas, leo sobre ellas, y no las imagino señalando con el dedo a esas otras que vivían ajenas al movimiento emergente que surgía a cien metros de su realidad. Es más, tal vez, si las tenían en cuenta y las sumaban a su lista de motivos por los que luchar. La generosidad, por tanto, es otro de nuestros distintivos.

Las diferencias físicas y psicológicas entre hombres y mujeres, también pesan en los argumentos contra el feminismo. Pero es que no se trata de ser iguales, criaturas. Reclamamos los mismos derechos, el mismo trato, las mismas deferencias, obligaciones y posibilidades. Después, ya veremos, si queremos ser como los demás o no parecernos a nadie. Decidir es un triunfo.

El ejemplo y filosofía en el camino de muchas mujeres, corcome las bases del patriarcado y nos hacen más libres a todos con su luz.  Ellas ni siquieran lo saben, afanadas en su trabajo, en su vida, en vivir su libertad. Son feministas de raza  y la fuente de donde nos alimentamos muchas. Profesoras, deportistas, madres, psicólogas, escritoras, cocineras, amas de casa, ingenieras, científicas,… femeninas o no, libres y luchadoras siempre.

El ejemplo y filosofía en el camino de muchos hombres, corcome las bases del patriarcado y nos hacen más libres a todos con su luz.  Como Berto Romero, que ha exigido igualdad de sueldos por el mismo trabajo realizado que su compañera de reparto Eva Ugarte.  Sumaron ambos sueldos y dividieron entre dos. Berto se ha quedado con algo menos de nómina, pero con la dignidad que le sobra ya va vestido para tres temporadas. O García de Marina, quien me ha cedido la evocadora portada de esta entrada con la condición de que el contenido fuera en pro de la igualdad.

El feminismo hay que defenderlo y practicarlo más allá del día en el que todos sepamos lo que es, hay que defenderlo y practicarlo, hasta que todos olvidemos lo que significa. Como la tribu que no sabe lo que es la palabra libertad, porque son libres.

El lenguaje es importante en la medida que es sentencioso, por eso todos los artículos en femenino de esta entrada, encierra la historia de una mujer feminista.

“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. Rosa Luxemburg( 1871-1919)

 

María José Trinidad

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Amistad.

Acuarela. Pilar Herrera Camacho.

Acuarela. Pilar Herrera Camacho.

Somos animales sociales, donde la amistad supone la forma más satisfactoria de la convivencia.  Cuando tengamos duda de nuestra naturaleza, podemos consultar a los clásicos. Aristóteles. Hace más de 2300 años.

Entre mis pertenencias también están tus recuerdos. Los nuestros. Hay secretos en zanjas, como ese tuyo que tienes tan presente y del que nunca más hablaremos. Los míos son tantos, que puedes contar alguno, liviano e insulso, cuando nadie te oiga. Los más importantes ya perdieron su valor. Bueno, el de la zanja no, ese déjalo ahí.  El orden de prioridades ha cambiado pero sigue trastocando nuestro interior pensar en aquella locura de la juventud que tenía tanto sentido. El futuro nada importaba, lo único con carácter urgente era el amor.

Mientra avanzamos afanosos en busca del camino de la gloria y del sí, también hay opciones con noes y fracasos que reconfortan. Ahí también te he encontrado. Tu mano, dear, que de forma discreta y siempre positiva tiendes, sin hacer pregunta alguna. Tu generosidad me respalda tanto como puede servirte nadar si caes a una piscina.  Hay amigos que te acompañan hasta en los momentos buenos. Que te empujan hacia arriba y aplauden los logros. Hostia, esos sí que son grandes.

Sin titubeos, nos movemos entre carencias y excesos, que están los dos en el mismo extremo, y es que los días parecen haber menguado horas y nosotras seguimos dando de comer a los sueños, ajenas a lo que no se puede. El cariño es concesión, la complicidad es más fruto de la admiración.

Y que importan las raíces, cuando lo que te hace feliz es oler las flores. No por años ni por meses. Con un lapso basta. Así amiga, estás en esos momentos que hacen de mí algo importante, por poder compartirlos contigo. Seguro que hay mil puntos que nos diferencian, aunque  puede que de eso no nos lleguemos a enterar, porque resulta que nos buscamos en el que tal vez sea el único que nos une.

Unas cuantas casualidades son suficiente para forjar una amistad. Durante un tiempo limitado unas vivencias y para toda la vida, la satisfacción de la experiencia, del recuerdo, de contar contigo, de mullidas risas y ahogados llantos.

Tengo amigos que nunca están cuando se les necesita, pero ellos saben perdonarme.

Y tengo amigos que son mi familia y por supuesto casi nunca veo. Ni nos corre la misma sangre ni falta que nos hace. No hay mes último del año que no endulcen mis recuerdos.

Celebro las amistades que aún no he conocido. Con el paso de las noches, aprendes que siempre es un tiempo demasiado largo, y que tarde a veces es mejor que pronto.

Para tener grandes amistades nada mejor que no esperar mucho del otro, al fin y al cabo, los amigos son tan imperfectos como nosotros mismos; pero ante todo, disfrutar y construir buenos momentos, camaradería, como un bien valioso e imprescindible para ser feliz.

Y es que la amistad es como la ciudad de Cádiz, puedes estar cien años sin ir pero nunca dudas de que a la vuelta, todo estará en su sitio.

Y que dure.

The show must go on!

“Las historias son lo que se queda dentro, los números se van”. Javier Sierra. Hay Festival 2018

María José Trinidad Ruiz

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Ciudadanos del mundo

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Hay quien escribe deseando que sus palabras muevan al menos a una persona en algún lugar del mundo y hay quien mueve su mundo y deja sin palabras a todos.

Estas dos mujeres promulgan unidad, tal vez por ellas mismas, que pertenecen a sendas partes implicadas, tal vez por sus familias o tal vez por la preciosa hija que les une, a la que no quieren privar de sentimiento de pertenencia a ninguno de sus orígenes. Ellas son mi familia, y el motivo por el que muchos no engrosamos la miríada de declaraciones henchidas de orgullo vertidas en las redes, con flechas venenosas, que van y vuelven sin diana fija, dardeando y arañando a quien tenga un mínimo de sensibilidad. No conozco territorio sitiado exclusivamente por autóctonos.

La mesura es una responsabilidad que tampoco podemos llevar al límite, posicionarse y opinar es libre, necesario y constructivo, la mayor miseria es la imposibilidad para emocionarse, más la convivencia y el respeto deben marcar los pasos. Tu libertad termina donde empieza la mía. Más que nunca, me asquean los políticos que intentan arrastrar en masa  azuzando con la miseria del odio, mientras planean la siguiente estrategia en sus sillones catetos de polipiel, el diseño lo quedarán para otras sustancias, que es la única razón que explica ciertas declaraciones. Esto no es una partida de Risk , la contienda pasará y las personas quedaremos.

Lo único valioso es hacer cosas valiosas. Las palabras y los gestos reconfortan en el camino, pero esa senda sólo se abre con hechos.

Algunos aún conservan el trozo del extinto muro de Berlín, que Tribuna regaló a sus lectores hace ya 27 años. El muro de la vergüenza, del odio y del sometimiento. El muro no desapareció, que para eso es materia, se transformó y es más, se convirtió en un emblema. Examinar ese hormigón grafiteado es como mirarte en el agua de  un pozo, profundo y oscuro, del que te debes retirar pronto porque sientes como te absorbe.  La historia nos deja tanto como nos quita el hacerla.

Rosa Montero ha lanzado en twitter que en este momento se sentiría más a gusto siendo canadiense o australiana, y yo que adoro a Rosa, me estoy fijando ya pecas en las mejillas,  pero por otra parte sé que para ser mejor, no necesito dejar de ser lo que soy.

Cuando el delirio humano pisa la vida, me siento como Óscar, el niño de Günter Grass, que se niega a crecer y desde su tierna y pequeña postura ve la loca forma en que el mundo se desarrolla y huye hacia donde sólo se puede huir en estos casos, hacia ninguna parte.

“El aire es de gran valor para el Piel Roja,

pues todas las cosas participan del mismo aliento:

el animal, el árbol, el hombre, todos participan del mismo aliento.

El hombre blanco parece no considerar el aire que respira;

a semejanza de un hombre que está muerto desde hace varios días

y está embotado contra el hedor.

Pero quizá es porque yo soy sólo un salvaje, y no entiendo nada.

Yo soy un Piel Roja y no entiendo esto.”

Mensaje del Gran Jefe Seattle al Presidente de los Estados Unidos de América 1855

María José Trinidad Ruiz

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Noche de reyes y de Magos.

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Portada. La soledad de los números primos. Paolo Giordano.

 

Seis meses han pasado desde que doce niños junto con su monitor quedaron atrapados en una cueva en Tailandia. La mitad del mundo¹ conmocionado, los medios de comunicación inundaron la ciudad y la atención, ayuda y esfuerzo dignificaron al ser humano. La causa lo merecía.

Cuando fueron rescatados, los niños padecían alexitimia o incapacidad para expresar sus sentimientos. No mostraban alegría, ni miedo, ni temor, . . .

En tan sólo nueve días, parece que se hicieron adultos. El miedo a la incertidumbre que poco a poco amordaza, a ellos les asfixió de golpe. Mientras caminamos a ninguna parte, va medrando la inseguridad que nos separa de las palabras que construyen puentes y los gestos de cariño son malogrados;  la ilusión que nos hace vibrar se esfuma lentamente, como la joven muda de El Piano se hunde en el mar, dejándose llevar sin hacer aspavientos ni contrariando a lo que cree su destino. En el último aliento reacciona de forma salvaje, como haría un cachorro, sin pensarlo, sin dudarlo, sin saber bien que hacer. Como la niña que fue.

Y es que podríamos pasar una vida aprendiendo de ellos. De los niños. “Yo los miro,  y a veces soy capaz de ver aquello en que se van a convertir si los dejan, si no los machacan demasiado” nos decía Pilar Galán hace algunas semanas sobre sus alumnos ya adolescentes.

Tal vez estamos demasiado atentos de donde venimos, si acaso ello importara más que lo que hemos aprendido. Tal vez centrar la atención hacia donde vamos sería más interesante. O tal vez, podríamos aprender de ellos y otear el presente con infinita curiosidad. Aunque esto son sólo varios tal vez.

Si les preguntamos nos darán respuestas exactas. Honestas y variadas.

Porque muchas posibilidades  asume quien no tiene el velo de los prejuicios.

Sus respuestas serán divertidas, inteligentes, audaces, simples o pícaras, más nunca inamovibles. El sueño profundo hace que sus conciencias estén descansadas y la ocupación les aleja de la preocupación.

Nos miran admirados, como si la grandeza estuviera de nuestro lado, así de generosos respiran el mundo. Nos escuchan mientras hábilmente cosen nuestras palabras a su alma con hilo de bramante.

El día de reyes, podríamos pasarlo disponibles para ellos, para jugar, para escuchar, abrazar o aquello que necesiten que nunca será más que a nosotros mismos. Ese pequeño detalle envuelto en papel estampado  y cinta de colores junto al pie del árbol o debajo de la ventana es un boleto de feria de un solo uso comparado con el carrusel de emociones que ellos nos regalan. No les alcanzamos, pero es que nunca estaremos a su altura. Conformémonos con imitarles y sonreír de corazón.

Y si estamos atentos, nosotros los adultos llegaremos antes de ese  último aliento a aprender el camino certero de, como dijo Bruno Schulz, “madurar hacia la infancia”.

“Te acostumbras, al final ni repararás en él. – Y… ¿Cómo, si lo tendré siempre a la vista?
-Por eso, por eso mismo dejarás de verlo.” La soledad de los números primos. Paolo Giordano.

M.J. Trinidad Ruiz

www.trinidadruiz.com

¹La otra mitad estaba en campos de refugiados, barcos sin puerto donde atracar, vertederos de medio mundo o en fronteras infranqueables, pero de éstos hoy tampoco hablaremos.

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105 años… ¡Cualquiera diría que fue ayer!

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