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María José Trinidad Ruiz - Técnico en Informática. Diplomatura Turismo

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Noche de reyes y de Magos.

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Portada. La soledad de los números primos. Paolo Giordano.

 

Seis meses han pasado desde que doce niños junto con su monitor quedaron atrapados en una cueva en Tailandia. La mitad del mundo¹ conmocionado, los medios de comunicación inundaron la ciudad y la atención, ayuda y esfuerzo dignificaron al ser humano. La causa lo merecía.

Cuando fueron rescatados, los niños padecían alexitimia o incapacidad para expresar sus sentimientos. No mostraban alegría, ni miedo, ni temor, . . .

En tan sólo nueve días, parece que se hicieron adultos. El miedo a la incertidumbre que poco a poco amordaza, a ellos les asfixió de golpe. Mientras caminamos a ninguna parte, va medrando la inseguridad que nos separa de las palabras que construyen puentes y los gestos de cariño son malogrados;  la ilusión que nos hace vibrar se esfuma lentamente, como la joven muda de El Piano se hunde en el mar, dejándose llevar sin hacer aspavientos ni contrariando a lo que cree su destino. En el último aliento reacciona de forma salvaje, como haría un cachorro, sin pensarlo, sin dudarlo, sin saber bien que hacer. Como la niña que fue.

Y es que podríamos pasar una vida aprendiendo de ellos. De los niños. “Yo los miro,  y a veces soy capaz de ver aquello en que se van a convertir si los dejan, si no los machacan demasiado” nos decía Pilar Galán hace algunas semanas sobre sus alumnos ya adolescentes.

Tal vez estamos demasiado atentos de donde venimos, si acaso ello importara más que lo que hemos aprendido. Tal vez centrar la atención hacia donde vamos sería más interesante. O tal vez, podríamos aprender de ellos y otear el presente con infinita curiosidad. Aunque esto son sólo varios tal vez.

Si les preguntamos nos darán respuestas exactas. Honestas y variadas.

Porque muchas posibilidades  asume quien no tiene el velo de los prejuicios.

Sus respuestas serán divertidas, inteligentes, audaces, simples o pícaras, más nunca inamovibles. El sueño profundo hace que sus conciencias estén descansadas y la ocupación les aleja de la preocupación.

Nos miran admirados, como si la grandeza estuviera de nuestro lado, así de generosos respiran el mundo. Nos escuchan mientras hábilmente cosen nuestras palabras a su alma con hilo de bramante.

El día de reyes, podríamos pasarlo disponibles para ellos, para jugar, para escuchar, abrazar o aquello que necesiten que nunca será más que a nosotros mismos. Ese pequeño detalle envuelto en papel estampado  y cinta de colores junto al pie del árbol o debajo de la ventana es un boleto de feria de un solo uso comparado con el carrusel de emociones que ellos nos regalan. No les alcanzamos, pero es que nunca estaremos a su altura. Conformémonos con imitarles y sonreír de corazón.

Y si estamos atentos, nosotros los adultos llegaremos antes de ese  último aliento a aprender el camino certero de, como dijo Bruno Schulz, “madurar hacia la infancia”.

“Te acostumbras, al final ni repararás en él. – Y… ¿Cómo, si lo tendré siempre a la vista?
-Por eso, por eso mismo dejarás de verlo.” La soledad de los números primos. Paolo Giordano.

M.J. Trinidad Ruiz

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¹La otra mitad estaba en campos de refugiados, barcos sin puerto donde atracar, vertederos de medio mundo o en fronteras infranqueables, pero de éstos hoy tampoco hablaremos.

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105 años… ¡Cualquiera diría que fue ayer!

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Recaída al abismo. Capítulo 44.

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Mujeres que convocáis sólo a mujeres, conmigo no contéis. Para esto no. Esta contienda no es sólo nuestra. El derecho a vivir en plena libertad de mi hija, aparte de mí, desean defenderlo también su abuelo, su padre y su hermano. Si algún día tiene un hijo, cruzo los dedos para que hable en pasado de estos hechos, como parte de la historia negra del duro camino de la mujer.

La sociedad entera debe estar. Aquí y ahora. La indignación no es contra los hombres, ni  únicamente de las mujeres. Es contra las leyes, el silencio, la cobardía y la atrocidad. Y aquí cabe mucho. Tanto que rebosa; ya caen borbotones grasientos como cuajarones de sangre.

Cada parcela, desde la más íntima del hogar hasta la más amplia de la ley necesita revisar sus códigos, hay algo que hace aguas. Y seguro que lo podemos hacer mejor.

Un paso adelante es apoyar y ensalzar las nuevas masculinidades. Hombres que desprecian los chistes machistas de otros hombres hacia sus compañeras, hombres que se atreven a no formar parte del acoso verbal a una camarera, hombres que son tan fuertes que hacen gala de su sensibilidad y de sus miedos, que huelen a los lobos y  piden ayuda a sus iguales para  vigilarlos de cerca. Hombres que caminan a nuestro lado y no delante como escudo, ni detrás como retaguardia.

Un paso adelante es la educación de forma activa y consciente, en el colegio, en la familia, en la asociación del barrio, en las actividades deportivas,… respeto absoluto al de enfrente, rechazo enérgico a cualquier agresión, solidaridad y cooperación.

Habrá tantos pasos como personas diferentes somos y seguro que la suma de todos hará el camino. El único que no aporta es la indiferencia. Yo que no sé hablar con grandes masas de gente, si acaso con personas y preferiblemente de una en una, me atrevo a animar a dar el mejor paseo de nuestras vidas, el de la solidaridad. Necesitamos como sociedad unirnos en esta lucha que nos hace más pobres a todos, que nos hace menos humanos, que nos veja a hombres y mujeres y nos hunde en el fango del miedo.

Llevamos muchos pasos dados, pero son pocos  para los que aún quedan… Tal vez lo mejor es vivir, perseverar y reír, porque la alegría es un acto de resistencia  mucho más fuerte que la tristeza.

Parafraseando a Popper y la paradoja de la tolerancia: para ser una sociedad tolerante la sociedad tiene que ser intolerante con la intolerancia;

resolveríamos la paradoja de la paz tal vez así: para que la sociedad esté en paz, la sociedad debe estar en constante ofensiva con el que perturba esa paz.

“Más que nada, viviendo como vivimos de la ilusión, quizá lo más importante para nosotros sea la confianza en nosotros mismos. Sin esta confianza somos como bebés en la cuna.

Virginia Woolf. Una habitación propia”

Nota: 44 son las mujeres asesinadas en España en el año 2018

M.J.Trinidad Ruiz

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Ceguera.

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Soy mayor, más incluso de lo que mis nietos imaginan y esto junto con el hambre, son los dos factores que me han permitido ver tantas cosas en la vida. Cuando era niño amaba tumbarme en el campo recién arado, alguna mariposa se paraba en mi frente y las mariquitas recorrían mi cuello haciéndome cosquillas como si quisieran verme reir por encima de todo.

Ya adolescente empecé a ver barreras, de hormigón algunas, de humo las que más y tropecé en ocasiones con el desánimo. Madre iba siempre medio paso por delante de mí y preparaba cuentos dulces como chocolate caliente para abrazarme el alma. En casa había tantas carencias de cosas materiales que el ingenio agudizó cada uno de nuestros sentidos. Una vez, madre compró unos zapatos desparejados a una perra chica cada uno. Uno era marrón claro, como el color de la tierra curtida cuando hay sequía, otro negro como el pelo de detrás de las orejas de Farito, el burro de mis vecinos. Sólo madre sabía apreciar que mis pies también eran diferentes entre ellos y sería insensato tratarlos igual. Madre siempre me hacía entender todo, hasta que lo viera con claridad. Hasta la sangre caliente pude ver un día. Me puse los zapatos y me fui a vender algarrobas al mercado. Feliz de sentirme único. También por no tener que clavarme las piedras.

Nadie me dijo nunca nada de mis zapatos desparejados. Me juzgaban por mi ceguera y daban por hecho mi ignorancia.

Yo también les juzgaba por mi ceguera y daba por hecho la suya.

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Fernando Fernán-Gómez. El tiempo amarillo.

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¿Qué eres tú, el protagonista de tu vida o una comparsa de la mía? Pregunta Fernando Fernán-Gómez a un amigo,  encerrando en esta frase mucho de lo que es él: teatro, cine, literatura, ironía, insolencia y genialidad. En plena guerra civil,  su amigo le contesta: Como no tenía ya problemas, añades uno nuevo.

¿Lo es? ¿Es un problema para nosotros sentirnos comparsas de otras vidas y no protagonistas de la nuestra? Lo que somos y lo que creemos ser a veces guarda distancia. Fernán-Gómez quería llevar una vida de lujo, escalar socialmente y por encima de todo, ser un personaje con trascendencia. Lo consiguió y así lo relata con la tozudez que le llevó a no cejar su intento, pero vacío de vanidad. Muchas veces le faltó el dinero pero nunca fue pobre.  La guerra frustró su adolescencia y años después aún recuerda que ese hecho es lo que percibía como más grave de aquel terrible suceso histórico por encima del drama de la tragedia. Recitaba poesía o jugaba a leer en voz alta con el traqueteo de ametralladoras de fondo. Fernán-Gómez nunca dejó de avistar la línea divisoria entre su realidad y su objetivo siendo éste es el paso más importante para poder saltarla.

El Tiempo Amarillo es su autobiografía, sus memorias contadas con su peculiar manera de ver la vida y  de estar en el mundo. Ardua tarea la de ser fiel a sí mismo. ¿Puede interesar a alguien la vida del hijo de un cómico y que al llegar a su jubilación sigue siendo eso, un cómico? Si, interesa. Tanto como para que el documental La silla de Fernando, testimonio de un artista, cautive al público y se proyecte en el cine. Para llegar a  Fernando Fernán-Gómez, hay que leerle, verle y escucharle; sin prejuicios y con el alma y la curiosidad abiertos de par en par.

Fernando Fernán-Gómez, perspicaz adolescente, llamaba a las puertas de sus criadas por la noche, cuando todos dormían, pero ellas nunca le abrieron, o al menos María. Las costumbres se acomodan en nuestro ADN como el óxido en las rejas de los balcones, revistiéndolas primero con suavidad corcomiéndolas después con saña. Helo aquí.

Lo crió su abuela, Doña Carola, y este hecho no necesita adornos. Su madre era la belleza y el enigma, en una ausencia constante.  Concibe una mujer teatralizada e inverosímil,  una Marlene Dietrich imperecedera, el amor como destrucción y atracción a partes iguales, promiscuo y vividor. El pudor, la timidez y el temor a represalias le hacen callar situaciones comprometidas, o eso dice él. Saber que alguien guarda silencio ya es saber.

Un actor con vocación por el cine que pasó por el teatro de forma obligada. “No me agrada el contacto con el público. Lo que menos me agrada del teatro es que mientras uno trabaja el público esté”. Detestaba el añorado calor del público que tanto ansían los actores. Con un mal carácter, eso sí cultivado a conciencia (palabras suyas), su legendaria antipatía troca en leyenda cuando rascas en su razonamiento sostenido en su profesionalidad, como estar días sin hablar con nadie, inmerso en su personaje, tal y como requiere el método Stanislavsky.

Una visión carente de tópicos, estereotipos o ideas generalizadas. La falta de filtro embelesa a veces desde la incomodidad ya que posee el extraordinario don de dejar de mirar lo que otros ven, para proyectar su propia mirada sobre ello.

De tanto escucharlo he descubierto lo que sucede. Las ganas de ser te hacen creer serlo. La similitud no es si no admiración.  La claridad en sus palabras, en sus ideas, en sus sentimientos tiernos y amables en ocasiones, irreverentes  y procaces los más. La mediocridad no llegó a alcanzarle, siempre voló más alto. Fernando Fernán-Gómez, una mente brillante y un trabajador incansable.

 

“Mi querido nieto, hoy recibo carta de tu madre, de Santander, en la cual me dice que ha visto las fotos para el estreno de Cristina y que estás muy bien, que, si puede irá a verla. Y hoy 15 también me han pedido tus señas de Barcelona. No sé quién será pero me figuro será cosa de películas, pues yo quisiera que te hicieras popular lo antes posible. Estudia bien la mímica y no abandones tu porte de buena figura. Tu madre ha mandado de Gijón un poco de mantequilla, ¡no sabes lo que siento el que tú no la comas también! Cuídate lo mejor que puedas, y a vivir y hacerse célebre. Cuida la ropa, que cuesta muy cara. Recibe el cariño de tu abuela que es el más verdadero. Yo voy estando algo mejor, pero tengo dentro de mí un cuerpo extraño que me preocupa; sobre todo por las noches, me quita el sueño. Te quiere. 

Carolina Gómez. 

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Decrecer. En busca del sentido propio.

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Artist: Ana Hernández San Pedro. ” Omnia Vanitas” www.anahernandezsanpedro.com

En O Grove (Pontevedra), hay un local, El Naútico, que tiene su mirada puesta en decrecer. Un empresario que busca reducir el negocio, menos público, menos movimiento,…  Allí aman la música, pero sobre todo a las personas y el disfrute del momento. Un estilo de vida que es el timón de este negocio entre chiringuito y sala de conciertos, por el cual andan como en casa, Marlango o Jorge Drexler.  El poder de atracción de algunas cosas a veces es inexplicable, en ésta, glorioso.

El decrecimiento en el ámbito económico busca una producción sostenible y un enfoque de la economía al servicio del ser humano (no viceversa). Padecemos una crisis de representación política en la que estamos  aún con el gotero puesto tras el virus de corrupción del que nadie salió indemne y  ahora nos toca revisar expedientes académicos de políticos con egos inflados que eligieron un camino demasiado corto para un trabajo tan importante, respaldados por catedráticos con tarjetas black, que gastan miles de euros, en frivolidades prohibitivas para universitarios que sí deben estudiar para conseguir sus másteres.

Sumamos la contaminación, las desigualdades económicas, los cambios sociales y culturales o el consumismo feroz que tanta frustración siembra y el resultado pide a gritos una reflexión profunda, sensata y con una mirada global, para así encontrar nuevas soluciones adaptadas a nuestro siglo. No se puede crecer infinitamente en un mundo finito. En 1970 nace esta corriente, el decrecimiento, término obús para contrarrestar el desarrollo sostenible, y uno de sus ideólogos, Serge Latouche, nos hace reflexionar con planteamientos  que encuentran la convergencia entre el consumo y la felicidad.

Hay una parte del decrecimiento  aún más apasionante, menos racional, como bien lo define Sergio Ayala Climent  “Comenzar a decrecer para volver a rozarnos la piel, y sentir, sentir de cerca… hemos crecido demasiado, eso está bien, pero volver a la esencia, eso es lo más…” Este abogado, que nunca ha ejercido, es un avezado comercial, conferenciante y mentor de nuevos emprendedores. Positivo, bienhumorado y procaz lleva a cabo su propia empresa asumiendo que ésta tendrá un final. Con esa premisa asumida, el humor y buen rollo son prioridad en su vida. Y en su trabajo.

Buscar bien adentro quienes somos es un acto de valentía, encontrarlo, una suerte, y vivir fiel a ello, un prodigio. Requiere quitarse los miedos y estar dispuesto a  andar por el mundo sin la impostura de un traje a medida para cada ocasión. Reconciliarse con cada pequeña cosa que nos hace sentir bien, vivir con franqueza y en paz contigo mismo. El gusto por las cosas sencillas, es el más exquisito de todos los gustos. Decrecer en emociones tristes y sentimientos caducos, los caminos se abren a cada paso y ser positivo y generoso son buenas opciones.

Uno de los suertudos, que huye de solemnidades detrás de una poblada barba con tantas canas como su cabeza, nos insta a hacer las cosas con integridad, sin buscar la aprobación de los demás. Y no es una simple declaración de principios porque Antonio Muñoz-Molina, asegura vivir así. El consumismo al que este escritor se refiere, llega más allá de las cosas materiales, no sólo en lo frívolo está el afán de poseer. También en la arrogancia de creer que ver, saber o viajar mucho, te sitúa en un plano superior; o la idea errónea del genio que cosecha méritos propios con el trabajo de otros. Cuando el sentido común habla, el resto de los sentidos callan y aprenden.

La serenidad empieza a recobrar la épica que tuvo hace tanto tiempo, donde correr no era necesario. La ausencia es una paradoja, pues a quien mucho se le echa en falta, se le deja de necesitar. Después del camino recorrido, encontrarnos a nosotros mismos y compartir tiempo con los que nos hacen sentir bien, es la mayor de las victorias.

“Casi nada es de una sola manera, casi nada es una sola cosa, casi nada es bueno o malo continuamente…” A.Muñoz Molina. HAY FESTIVAL Segovia.

 

M.J.Trinidad Ruiz

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La linea divisoria

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Entre lo que te ata a tierra y lo que te empuja a volar, hay una línea divisoria que es necesario saltar.

Hay líneas como muros, que no dejan escapar lo más cercano a ti, la seguridad de lo conocido, donde permaneces desde hace mucho,  donde las respuestas brotan antes que las preguntas. Aquí se mantiene una  rutina sibilina, llena de costumbres y de la certeza de lo que sucederá cada día, cada semana… cada vida. El muro que no permite salir. A nadie. Tampoco a ti.

Visibilizarla permite encuadrar las partes que la componen y el todo desglosado es más fácil de digerir, así se puede valorar de forma independiente y optar dónde quieres emplazarte en este momento preciso. La cantante Rosario Flores,  en sus conciertos  mira lo que hay antes de llegar a la línea y ve en primera fila a su familia y amigos, sus raíces y sus ramas, coge aire, mira más allá de la línea y está su público, su sueño, su pasión y ahí comienza el vuelo. “No hay que pensar, sólo se trata de disfrutar”, nos dice la hija de la faraona.

No son livianas las raíces que se agarran a los tobillos, pero pesarán tanto como les dejemos. En plena guerra civil, a la par que sucedían bombardeos en Madrid se representaban obras de teatro; actores y escritores seguían reuniéndose en el histórico (que no emblemático) Café Gijón  u otros, o frente a ellos, pues no tenían dinero, y el tejido cultural se mantenía vivo, aunque raído y zurcido, como los pantalones que llevaban los niños que en esos años jugaban en las calles, no ajeno pero sí paralelo al caos de la desgracia y desolación de la guerra con la que convivían.

En ese Madrid, Fernando Fernán-Gómez, recitaba poesía, leía y acudía a teatros, no terminó sus estudios y el hambre acechaba en las  noches, pero la determinación le tendió largos puentes con el que cruzar más allá de la línea. Desde pequeño soñaba y se visibilizaba en un plano exitoso, y veía con tal claridad su futuro,  que nadie le pudo decir que no era posible.

Estaría bien que la línea fuera bruma, tan alta como deseemos, que nos permita ver lo que hay al otro lado, para que estemos donde estemos, sepamos que hay dos partes antagónicas y complementarias. No olvidar lo que fuimos ni lo que somos, que puede ser lo mismo o cosas dispares y ambos seremos.

Hoy es el único día posible  para  saltar la línea divisoria, encontrarte y  disfrutar de la incertidumbre que se encuentra más allá de ella. Corres el riesgo de equivocarte y cometer muchos errores y con suerte, así sucederá.

No traspasar la línea, por temor a la desaprobación de los demás o a hacer el ridículo, es darse más importancia a sí mismo de lo que nadie hace. Hombres más grandes andan estos caminos y ni siquiera quedan surcos, agila p’alante que con poco aire se borran tus huellas. Y si necesitas certezas, piensa en tu muerte, pocas cosas tan seguras son tan imprevisibles.

“- Cuando uno se muere… ¿se muere o no se muere?
– ¿En su casa qué dicen?
– Mi madre dice que los buenos van al cielo y los malos al infierno.
– ¿Y su padre?
– Mi padre dice que de haber juicio final los ricos irían con sus abogados, pero a mi madre no le hace gracia.
– ¿Y usted que piensa?
– Yo tengo miedo…
– ¿Es usted capaz de guardar un secreto? Pues en secreto. Ese infierno del mas allá no existe. El odio, la crueldad, eso es el infierno. A veces el infierno somos nosotros mismos.”
 

Manuel Lozano -Moncho 
Fernando Fernán-Gómez – Don Gregorio
La lengua de las mariposas.

M.J.Trinidad Ruiz

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Lo que tienen en común Dabiz Muñoz y Stephen Hawking

Carece de sentido preguntarnos cuál es el camino correcto, simplemente hay que preguntarse si lo amamos, y mientras sea así, será valido.

Dabiz Muñoz

Dabiz Muñoz. Cocinero.

Él sabía perfectamente que cuando tienes pequeñas ideas que cosquillean en tu cerebro y se niegan a abandonarte no hay que ignorarlas, pues en ellas yace las semillas del destino.  La primera vez que se le ocurrió la idea la descartó por extravagante y aún así persistió en su memoria.

Podría ser el comienzo de la gran lección de vida y obra del astrofísico Stephen Hawking, o la obstinencia triunfal del carismático chef tres estrellas Michelín, Dabiz Muñoz, sin embargo, es el relato del granjero  de la película Babe El Cerdito Valiente. En la mayoría de las ocasiones, lo que nos lleva a reaccionar no se encuentra en las alturas o en el concepto idealizado que tenemos del camino correcto, por el contrario son esas grandes verdades que subyacen bajo la piel de lo cotidiano las que despiertan con la más virulenta de las fuerzas los motivos por los que seguir, a veces soterrados.

Poseer talento es innato en el ser humano y el desarrollo del mismo es la llave, que unos despliegan, otros inventan,  algunos olvidan y los más, no saben siquiera que la tienen. El hilo conductor de los que conquistan el camino es la disciplina de galeote.

Dabiz Muñoz, asquerosamente exigente, perfeccionista y generoso.(Textual). Inquieto, sesudo y con gran determinación. Obsesivo. Nunca tuvo miedo a despeñarse  por el precipicio de un sacrificio íntegro, en compensación por un éxito  impredecible. Sus restaurantes  de Madrid y Londres resumen además de la idea de fusión gastronómica, su principio de libertad como persona y la confianza ciega en sí mismo y su meta.

Hawking  defendió el realismo dependiente del modelo, que traducido desde un sentido científico a un carácter práctico sería: El modelo de vida perfecto para llevar es el que necesites en ese momento, y este no es de por vida, se puede cambiar según tus circunstancias; la única pregunta necesaria es si se adapta a lo que sentimos. A este visionario, le dieron su vida por terminada en plena juventud y vivió 50 años más a esa sentencia, con gran limitación física, para hacernos ver nuestras invisibles barreras.

La esencia es maximizar el presente. La esencia no tiene forma, ni de cresta como la del cocinero, ni de silla de ruedas como la que tuvo que llevar el genio matemático. Me quedo con ellos dos, de much@s, por diferentes, por imperfectos, por ser una muestra de la juventud y la insolencia que con fortuna vivimos junto con la experiencia y la muerte que siempre llega. Carece de sentido preguntarnos cuál es el camino correcto, simplemente hay que preguntarse si lo amamos, y mientras sea así, será valido.

El depredador de todo es el reloj, que dice la escritora Lea Vélez que ha dicho su hijo. El reloj, el paso del tiempo, de la vida y de las ganas. Menos mal que siempre hay niños que aún no han crecido y podremos seguir aprendiendo de ellos,  oteando el presente sin recordar, ni desear, ni esperar, tan sólo viviendo. Y en ellos descubrir talento, y avisarles de lo de la llave, darles herramientas y guiarles de la forma menos bochornosa posible, antes de que sea tarde y se queden ciegos, varados y desnudos, en el desconcierto de intentar averiguar el camino correcto, donde ya no hay  más opción que la de ser generosos con los niños, y en ellos descubrir talento, y avisarles de lo de la llave,

“Cada vez me gusta más el silencio, escuchar mis pensamientos, recuperar todo ese tiempo que he perdido rodeado de demasiado ruido que me ha impedido tomar conciencia de tantas cosas.” Ni pena ni miedo. Grande-Marlaska.

María José Trinidad

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Cuestión de perspectiva.

"Perspectiva" de Paula de Miguel

“Perspectiva” de Paula de Miguel

 

La soberbia de Urdangarín pretende denostar la poca dignidad que  yergue sobre su séquito. Corruptos, pelotas y ahora con tan poco entendimiento que confunden sugerencia con coacción. Muchas de las empresas que sobreviven tiñosas tras el rastro de éstas u otras corruptas zarpas,  no siempre eligen si no que fortuitamente cruzan su camino con el de la avaricia, y en la encrucijada cualquier titubeo es herida sangrante. Empresas en la que golpean los nudillos y sugieren la contratación de sus servicios. ¡¿Sugerido?! Con lo fácil que es decir no, y cerrar la persiana de tu empresa por hoy. O para siempre.

 

El que cede tiene la misma responsabilidad que el que coacciona porque el peso de la palabra es el mismo para todos.

Pues no. La palabra tiene perspectiva.

Si fuera en otro modo, el sí contra el no diario de padres e hijos, irían al Supremo en busca de resolución.

El dinero, el poder o la posición, aportan fuerza a la palabra, a las opiniones y obviamente a las acciones. En la jerarquía de vínculos familiares, se abonan despotismos enmascarados; en relaciones marcadas por la admiración unidireccional o distinta posición en el mismo ámbito laboral o social, la compostura no cuesta mantenerla igual a todos. Los aranceles a pagar tienen códigos internos, más arraigados de lo que quisiéramos, al parecer como el agua de lluvia, que cae para todos, pero se queda en la parte más baja.

El corrupto camino a la fama hollywoodiense,  que observábamos cual una película en blanco y negro, se ha convertido en un actual éxito taquillero. Una ristre de cochambrosos relatos, sin número determinado porque siempre hay bocas que callan, mantienen el foco sobre misóginos directores, como Harvey Weinstein y otros hombres con poder  que perpetran delitos sexuales bajo el manto impune de su puesto, es decir, que sugieren a las actrices y actores, ¡sugieren!, la contratación del Instituto sin ánimo de lucro que él mismo preside.  The show must go on! Lleno de putas que está Hollywood. De puta miseria y puta ambición.

El abuso está marcado por el encuadre. Sobre un mismo plano hay dos dimensiones e infinitos puntos y rectas, cuando un perfil está en un punto que culturalmente creemos aventajado marca una distancia imponente sobre los demás. La cultura y las creencias deben ser cuestionadas incansablemente.

La muerte relativiza nuestra existencia, nuestra palabra y nuestras perspectiva. En la posguerra civil, republicanos acudían forzados en un peregrinaje diario a que le dieran una paliza y así se lo dicen a su vecino. “Mariano, voy a que me peguen”. Palabras textuales que una nieta relataba en un programa de radio la semana pasada.  Voy a que me peguen. Ante la imposibilidad de elección, convierte en voluntaria la obligación. Cómo el ser humano asume, disiente y asimila el infortunio de su destino en manos de su propia especie que desarrolla sendas posibilidades en la virtud y en la maldad.

Y no es esto un canto a favor de pusilánimes y cobardes que  no se atreven a decir que no, más bien pretende ser una humilde arenga en favor del que tiene menos recursos, pues el otro no necesita que le jaleen.

“Si el líder dice de tal evento esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco. Esta perspectiva me preocupa mucho más que las bombas.” George Orwell

 

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Mis hijos y yo somos LGTB

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Artista: Felipe Limón Moreno

Soy LGTB, de la misma forma que soy Ignacio Echeverría  o Elfriede Selthemheim.  Esa es la cuestión, nos ilustró Shakespeare.

Sin tanta pluma, colores y  desmesura, la fiesta reivindicativa de LGTB quedaría en lo gris, se oiría menos y los medios de comunicación postergarían su interés. Hubo mujeres que se amarraron a puertas con cadenas, semidesnudas y chillando, para que las demás podamos atravesarlas vestidas, con tacones y discretamente. Las protestas más histriónicas, ciertamente son imprescindibles para llamar la atención de nuestro mundo tan ocupado. No me siento identificada con muchos de ellos, por mi condición de persona reservada, aún con latente sentido del ridículo y pudorosa educación sexual, campos en los que trabajo en busca de su extinción; por eso aún con más razones alabo la descarada valentía y aplaudo la osadía y procacidad de la carcajada  que esconde en muchos casos dolor encallado.

Los que luchan de forma activa en primera línea de batalla por reivindicar unos derechos que pertenecen a muchos, están expuestos a sufrir más heridas de guerra. Derechos laborales, de igualdad de género, de oportunidades, derechos sociales, libertad de creencia, …

Siento la necesidad de posicionarme de una manera clara y abierta en cuanto al respeto a la diferencia y sus derechos a una igualdad plena. Derechos dentro de una sociedad laica, que excluye requerimientos de religiones que sólo conciernen a sus congregaciones. Necesidad por otra parte basada en el orgullo de secundar la vida de los que quieres. No se debe esperar mucho de los amigos, si deseas que sean amigos durante mucho tiempo, pero siempre algo más que la indiferencia.

Estamos aniquilando etiquetas, superando complejos y  asistimos a entrevistas de trabajo sin tener que decir si tenemos pareja, un harén o un cuarto que parece un albergue de peregrinos cada fin de semana, pero en ocasiones y en aras de la visibilidad,  nos exponemos de forma explícita y yo recelo de que demos un paso atrás. Tanta explicación condiciona. Me hastía sobremanera el cotilleo y aún más el camuflado entre risas y mala leche. Me aburre la explicación justificativa y no tengo interés por la condición sexual de el de enfrente a no ser que me quiera acostar con él.

Los complejos pueden ser acumulables, por lo que nos encontramos que hay mujeres que pueden sufrir machismo y homofobia, hombres que su condición sexual se encuentra fuera de los criterios religiosos en su casa y soportan la presión social en su trabajo,  y las peores psicosis de aversión  son las que sufren los adolescentes infligidas por los adultos cercanos, en los que buscan una mano firme donde aferrarse y más veces de las que debieran, encuentran hierros candentes. Los recuerdos se cosen al alma con hilos de aramida, pies de plomo criaturas.

Amigos, olviden ser permisibles, que nadie les ha pedido permiso para nada, limítense a respetar y no juzgar que para eso está Grande-Marlaska; él juzga al pueblo y su familia le juzga él, la vida siempre tan canalla.

Si quieres saber si estás seguro de ti mismo, de tu condición, de tu libertad y de tu vida, pregúntate si la condición, la libertad o la vida de alguien te intimida o molesta. Si es así, rebusca en tus miserias cuando nadie te vea y enfréntate a tu espejo. Sólo cuando la grandeza y la libertad del otro te inspire y no te intimide, tú serás libre.

“Gran parte de los prejuicios se sustentan en cimientos de barro.(…) Sería estupendo que no hicieran falta tantas heridas ni tanto peso para poder afrontar situaciones como esa. Se precisa medicina preventiva en la escuela, una educación en la igualdad; lo repetiré hasta quedarme ronco” Ni pena ni miedo. F. Grande-Marlasca

M.J.Trinidad Ruiz

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