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Mis hijos y yo somos LGTB

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Artista: Felipe Limón Moreno

Soy LGTB, de la misma forma que soy Ignacio Echeverría  o Elfriede Selthemheim.  Esa es la cuestión, nos ilustró Shakespeare.

Sin tanta pluma, colores y  desmesura, la fiesta reivindicativa de LGTB quedaría en lo gris, se oiría menos y los medios de comunicación postergarían su interés. Hubo mujeres que se amarraron a puertas con cadenas, semidesnudas y chillando, para que las demás podamos atravesarlas vestidas, con tacones y discretamente. Las protestas más histriónicas, ciertamente son imprescindibles para llamar la atención de nuestro mundo tan ocupado. No me siento identificada con muchos de ellos, por mi condición de persona reservada, aún con latente sentido del ridículo y pudorosa educación sexual, campos en los que trabajo en busca de su extinción; por eso aún con más razones alabo la descarada valentía y aplaudo la osadía y procacidad de la carcajada  que esconde en muchos casos dolor encallado.

Los que luchan de forma activa en primera línea de batalla por reivindicar unos derechos que pertenecen a muchos, están expuestos a sufrir más heridas de guerra. Derechos laborales, de igualdad de género, de oportunidades, derechos sociales, libertad de creencia, …

Siento la necesidad de posicionarme de una manera clara y abierta en cuanto al respeto a la diferencia y sus derechos a una igualdad plena. Derechos dentro de una sociedad laica, que excluye requerimientos de religiones que sólo conciernen a sus congregaciones. Necesidad por otra parte basada en el orgullo de secundar la vida de los que quieres. No se debe esperar mucho de los amigos, si deseas que sean amigos durante mucho tiempo, pero siempre algo más que la indiferencia.

Estamos aniquilando etiquetas, superando complejos y  asistimos a entrevistas de trabajo sin tener que decir si tenemos pareja, un harén o un cuarto que parece un albergue de peregrinos cada fin de semana, pero en ocasiones y en aras de la visibilidad,  nos exponemos de forma explícita y yo recelo de que demos un paso atrás. Tanta explicación condiciona. Me hastía sobremanera el cotilleo y aún más el camuflado entre risas y mala leche. Me aburre la explicación justificativa y no tengo interés por la condición sexual de el de enfrente a no ser que me quiera acostar con él.

Los complejos pueden ser acumulables, por lo que nos encontramos que hay mujeres que pueden sufrir machismo y homofobia, hombres que su condición sexual se encuentra fuera de los criterios religiosos en su casa y soportan la presión social en su trabajo,  y las peores psicosis de aversión  son las que sufren los adolescentes infligidas por los adultos cercanos, en los que buscan una mano firme donde aferrarse y más veces de las que debieran, encuentran hierros candentes. Los recuerdos se cosen al alma con hilos de aramida, pies de plomo criaturas.

Amigos, olviden ser permisibles, que nadie les ha pedido permiso para nada, limítense a respetar y no juzgar que para eso está Grande-Marlaska; él juzga al pueblo y su familia le juzga él, la vida siempre tan canalla.

Si quieres saber si estás seguro de ti mismo, de tu condición, de tu libertad y de tu vida, pregúntate si la condición, la libertad o la vida de alguien te intimida o molesta. Si es así, rebusca en tus miserias cuando nadie te vea y enfréntate a tu espejo. Sólo cuando la grandeza y la libertad del otro te inspire y no te intimide, tú serás libre.

“Gran parte de los prejuicios se sustentan en cimientos de barro.(…) Sería estupendo que no hicieran falta tantas heridas ni tanto peso para poder afrontar situaciones como esa. Se precisa medicina preventiva en la escuela, una educación en la igualdad; lo repetiré hasta quedarme ronco” Ni pena ni miedo. F. Grande-Marlasca

M.J.Trinidad Ruiz

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La belleza

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“En el corazón oscuro del bosque” J.L. Alonso de Santos.

Noción abstracta que más allá de la apariencia, su grandeza está en el contenido. La belleza es el fin,  no el camino, es la obligación del que crea, su deber de mostrar al mundo el don que posee.

Nace y pace sin ruido ni consciencia en la ternura innata, en  manos de artesanos, en mentes talentosas,  artistas, exiguos visionarios o en la madre naturaleza, pero también otros, con legados más modestos, consiguen abrazarla tras largos peregrinajes.

De todas sus formas, amo la más voluble. Las palabras. Resuenan en tu cabeza por siempre y acrecentan su riqueza con el paso del tiempo; la memoria va desechando lo inútil y se queda con la esencia, con tu belleza. Perpetua condena la que de palabra se hace, por escrito, con destruirlo es suficiente. La palabra toma asiento en ti, cómoda invitada que hurga  en el alma, y allí permanece desees o no. Respira hondo amigo, todo pasa, más ella contigo. Lo que en la leche se mama, en la mortaja se derrama.

Cierto es que la apreciación de lo bello no es congénito en el ser humano. Observar y ser receptivo  a la belleza implica albergar algo de ella en sí mismo. Abrirse a la vida, quitarse capas y poner verdad en tus actos, en tus obras. Algo de verdad, ya es verdad.

Holden Cautfield es un implacable perseguidor de la belleza. Ese  neurótico adolescente que Salinger hizo tan ancho que cabemos todos dentro. Él aparta a cada paso la simplicidad de las personas que se encuentra en el camino, le horrorizan los mediocres. Su interés se alimenta de la autenticidad de los que le rodean, aunque rocen una locura siempre cuestionable . ¿Valentía? ¿Cobardía? ¿Inestabilidad? ¿Depresión? Lucidez.

Cautfield tiene sueños que no comparte. Sueña con salvar niños del precipicio. Niños que juegan entre el centeno ajenos a normas, a límites y roles impuestos e ignorados aún por ellos. Niños que corren y chillan y ríen y viven y con tanta algarabía olvidan el abismo lindante al que asoman creyendo ser sempiternos. Él los agarra y los salva, a ellos, o tal vez lo hace a sí mismo. Los devuelve a la plantación, volviéndolo a hacer una y otra vez de forma incansable siendo éste su horizonte y su felicidad. Siempre habrá niños que salvar y él estará ahí.  Esa es su belleza, ser El guardián entre el centeno.

La locura al igual que la belleza reside en sus formas más diversas en todos nosotros.  Cautfield es consciente de su locura, porque tiene la capacidad de ver con claridad la de los demás.

El camino hacia la belleza a paso cautivador a paso lacerante pero siempre satisfactorio.  Catherine Meurisse, periodista de Charlie Hebdo, en su búsqueda para salir de la depresión y el vacío a la que fue arrastrada tras la tragedia vivida por el ataque terrorista al periódico, se entrega al dibujo desde el corazón, a la búsqueda de la belleza  como único remedio curativo y salvación de su persona, sin tanto ver en ello su vida. Sus viñetas de La Levedad se agarran al corazón, pero no fuerte, no oprimen, más bien con timidez, pidiendo permiso, con dulzura, ya están dentro.

Tengo el ejemplar de Charlie Hebdo que compré en Montmartre hace dos años, en mi mesa, como si fuera una estampa religiosa que una señora mayor me ha regalado para que me proteja y cuide. Veo belleza en las migajas pero me cuesta encontrarla en los banquetes y tengo un resorte ávido que me aprieta la garganta, me golpea la sien y me vapulea la conciencia, cuando la fealdad más cruel impregna lo que tengo delante. No estoy segura de haber creado belleza o de si algún día la crearé. Sé que la veo, la siento y la disfruto, en personas, en lugares, en momentos y en palabras.

Con ello me basta. Sé que nunca dejará de crecer el centeno.

“Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
La Belleza… ”  Luis Eduardo Aute

M.J. Trinidad Ruiz

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Estos yanquis, listos y comprometidos que mueven el mundo.

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Muro Crítico. Artista: Daniel Muñoz. www.eseaene.com

 

Los machos son las borlas del traje de torero y éstos se las ajustan cuando ven que la faena va a ser peligrosa o dura, cuando hay que bregar y sudar la gota gorda. Pues eso, ajustaros los machos, respirad hondo y levantad la cabeza valientes, que los mortales os seguimos.

Desde Thomas Edison, que nos dió luz a todos sin rescindir clases ni ideologías, siguen brotando celebridades que contribuyen en la mejora de este mundo con sus habilidades, sabiduría y esfuerzo, no siempre conscientes de su benévolo fin. Son cuantiosos, de todos los países, subvencionados o adinerados, cosmopolitas o locos e introvertidos visionarios, y entre ellos un puñado de americanos, que refulgen a la par que embaucan. Estos yankis, listos y comprometidos que mueven el mundo.

Como ese chico sencillo con ideas propias y valores arraigados que empezó a estudiar y a compartir sus conocimientos y los frutos que daba. Fué llevado ante la administración por difundir sus propios programas de forma gratuita (el sistema prefiere restricciones) y retomó los estudios universitarios después de conseguir el puesto número 10 en la lista Forbes de las personas más poderosas del mundo. Éste es Mark Zuckerberg, creador de Facebook. Se sospecha que quiere presentarse a la presidencia de EEUU. No hagan comparaciones con la actualidad, acabarán en lloros.

Bill Gates, cofundador de Microsoft, ha encabezado la lista de los hombres más ricos del mundo durante años y preside junto con su mujer Melinda una fundación que respalda la salud y la educación. Intermediario del sistema MS-DOS, que compró a bajo precio y vendió a IBM, sagaz en la incipiente explosión del mercado tecnológico e ídolo de masas, fama acrecentada por su soltería de oro. A todos los informáticos, Bill Gates, nos hizo soñar con Seattle, con su visión de futuro, con su forma de trabajo distendida y cercana. Él era un ejemplo y así lo seguimos viendo 20 años después.

Mellody Hobson, mujer de negocios, presidenta del consejo de administración de DreamWorks Animation y parte del cuadro directivo de varias organizaciones. Elegida como “Global Leaders of Tomorrow” por el Foro Económico Mundial, y en plena gloria se casó con George Lucas, que le acompaña en su comprometida andadura profesional y personal.

Warren Buffets, Judy Faulkner,…

Todos ellos  son parte de una campaña filantrópica The Giving Pledge (La promesa de Dar), en la que se comprometen a ceder, al menos, el 50 % de sus fortunas con fines benéficos y ello puede ser en vida o en el momento de su fallecimiento. Es un movimiento de generosidad y responsabilidad moral, que tiene letra pequeña para limar el desagravio del desprendimiento económico, las fundaciones están protegidas,   mas preguntemos al que necesita si quiere el pan que llega aunque migas hayan caído en el camino. Yo me quito el sombrero ante estos magnates estadounidenses, que con sombras, enfermedades y dificultades como todos, rehúsan la ambición y comparten lo que ellos por mérito propio han conseguido, con quien no degustó el placer de poder aspirar a algo más que nada.

En las antípodas de este movimiento solidario se encuentra Steve Jobs. Procede de una familia muy humilde, pero parece que corrió mucho en sentido opuesto para olvidarlo.  Cierne sobre él  la sombra de una dirección agresiva sobre sus empleados y míseras relaciones con los suyos. El narcisismo de las personas con éxito puede ser tan fructífero laboralmente como cruel en el aspecto humano. Desde el garaje de su casa al estrellato mundial, cofundador de Apple, Pixar e integrante de ésta en Disney. Puso el mundo en nuestras manos con los ordenadores personales y todo invento que haga accesible la información, educación y cultura, debe ser alabado. Sus intereses estaban ajustados a la línea de ambición del genio, al avance y descubrimiento, mas pisó y escupió sobre la compasión, la generosidad y la empatía del ser humano. Steve Jobs, nos dejó frases que bien podían ser mandamientos para las empresas, incluso cuando la enfermedad hipotecó su energía. Las empresas desaparecen pero no el rastro de las personas. El doloroso despertar tardío es el impuesto de quien burla la aduana de la razón de Cortázar.

¨La cosa ahora está donde está; mas concluirá en lo fijado por el destino; ni el que quema ni el que hace libaciones mitigará la inflexible ira de las ofrendas que no arden” Esquilo.

M.J. Trinidad Ruiz

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Ni pena ni miedo. Grande-Marlaska.

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Tenemos en común más cosas de las que nos diferencian. Todos. Incluso Grande-Marlaska y yo, viva la osadía.

Cubiertas las necesidades básicas,  básicamente necesitamos cubrir más necesidades. Que Maslow me perdone. Me gusta leer biografías, historias personales, victorias y lamentos, ora prodigiosos ora perturbadores.  Ahondar en el de enfrente, para llegar a entendernos nosotros mismos. Y sólo me interesa aquello que quiere contar, el resto siempre debe ser suyo,  no caed hermanos en la trampa del juicio.

La figura del juez Fernando Grande-Marlaska, nos llegó a través del plantel mediático al que le llevó algunos de sus más célebres casos. Su perfil de hombre inteligente, cosmopolita, trabajador, intelectual y comprometido en la defensa de los animales y de la libertad sexual, consigue poner un vasto grano de arena en pro de la visibilidad y normalización de la homosexualidad siendo el primer magistrado que se declara gay de una forma clara y abierta.

Y la figura un día nos presenta a la persona.

Protegido por grandes amigos, con una sensibilidad infinita semejante a la suya.  Leer a Rosa Montero o Nativel Preciado las palabras que le dedican, reafirma las sospechas, Grande-Marlaska es especial. Centro del universo de los que nunca saben que lo son. Ni pena ni miedo, es un geoglifo que se encuentra en el desierto de Atacama, en Chile, y es la bandera que ondea el juez junto a un puñado de amigos que conforman uno de los pilares de su vida hoy en día.

De nacionalidad europea, nos acerca a la experiencia de vivir de cerca el hostigamiento del grupo terrorista ETA como conciudadano y a su vez  juez que ha dictado valerosas sentencias. “Este mundo pequeñito y ramplón representado por el nacionalismo…” y sus múltiples ramificaciones, añadiría yo, localismos retrógrados. Lo vive sin miedo, curiosamente más ahogado por el hecho de llevar escoltas, que por necesitarlos. La tasa que pagan los impávidos  se cotiza alta y se resarce únicamente por la complacencia de ser fiel a la honestidad propia.

Las cicatrices más que dirigir, guían el camino. A él, al igual que a nosotros, no era tanta la osadía, le sucede lo mismo. No hay batalla aislada, en cada una encuentra vestigios de la anterior. Desglosa puntos importantes de su vida personal y de la situación política y social en la que vivimos, mostrando su posición en cada uno de ellos, y cuanto más ahonda y desgrana, más unidos y entrelazados se encuentran. El cristal con el que miramos el mundo se abrillanta con experiencias. No está nada mal tener la oportunidad de ver a través de las gafas de Fernando Grande-Marlaska.

Su batalla más dura, tal vez sea la librada consigo mismo. En su entorno familiar abordaron el tema de su homosexualidad con estupor y rechazo y le costó perdonar a tiempo.  Nada se olvida; uno se acostumbra, nada más. La costumbre sale cara, desaprender lo aprendido es la mejor de las terapias. Alexandr Milov hizo de esta congoja una escultura: “Love

Me encuentro en él. En el amor a amigos que desean que forme parte de sus vidas, en el desconcierto ante tantas injusticias sociales, en el sentimiento de pertenencia al mundo sin entender bien las fronteras,

en la orfandad que tanto nubla.

Yo también he llorado Nativel. Imposible no hacerlo mientras lees Ítaca y le imaginas recitándolo frente a su dolor. Pero sus palabras son inspiradoras, porque hace algo esencial para seguir caminando en el sendero de la felicidad, toma decisiones.

“Alejar la tristeza y ser valientes es una bonita manera de vivir” Nativel Preciado.

M.J.Trinidad Ruiz

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Violaciones como arma de guerra

La lágrima de la novia. Angel Cortés

Cuadro: Ángel Cortés “La lágrima de la novia”

A veces madrugo de forma voluntaria cuando me acuesto muy tarde, y la presión que me genera  en la cabeza, me hace bendecir cómo sale el sol, que veo afortunadamente aparecer desde la ventana donde me encuentro y me siento cómplice de la vida. Como si supiera yo más de ella, que todos vosotros, que aún estáis descansando en vuestras camas. Este viernes fue una de esas veces, con varios periódicos en las redes, intentando parir una noticia única de cada hecho, juntando los relatos de cada uno de ellos, con sus partidistas opiniones, en la mayoría de los casos.

Este viernes pude haberme ahorrado el madrugón y con ello el sofocón, pues engullí el relato de primera mano de mujeres y niñas usadas como arma de guerra que fueron agredidas sexualmente en una cadena de violaciones sucedidas en Birmania contra los rohingya. Humillaciones que las estigmatizan, siendo repudiadas por los suyos después de haberlas sufrido, por si no tuvieron bastante con padecerlas.

Soy de mecanismo básico y repetitivo, si se me revuelve la bilis, ahondo en la llaga. Violaciones a mujeres como arma de guerra. Busco en lo ya sabido. Sí. Hay más. Siempre lo hay. La mujer es vejada como castigo a un pueblo entero, a una comunidad, a una raza, a una religión o creencia e incluso a toda una nación. La mujer y la niña, ente creador presente y futuro, es maltratada como venganza y representación del daño que quieren ocasionar contra su país, sus maridos, sus padres y sus hijos.

Yo me follé a tu madre y después a tu mujer. Tu hija se la dejé a mis amigos. Sus cantos de victoria arañan el alma.

  Salvajismo engendrado en manada y eso es lo más vomitivo. ¿Hasta que célula madre (y volvemos al género femenino) está instaurado la violación como arma contra otra persona que no sea primero la persona misma? ¿Cómo un hecho tan aberrante e inhumano lo realizan cientos, miles de hombres en grupos? Cuando el ser humano subsiste en la barbarie, ¿pierde todo código de honor y la crueldad le embarga o son instintos salvajes que albergamos todos y que se abonan y desentierran en instantes en esos terrenos monstruosos?

Otros individuos que han crecido en situaciones de no necesidad, al ejercer su labor en países con conflictos, buscan igualmente el cobijo del camarilla creando banda con códigos de deshonor, insultando a su cuerpo militar y a su nación. O los cuerpos de policías mexicanos, denunciados por vejaciones sexuales a mujeres en los interrogatorios como método de extorsión para obtener información de las mafias. En los datos que proporciona Amnistía Internacional, se encuentran testimonios que narran la violación en grupo de 6 policías a una mujer de 26 años para que confiese. Muchas denuncias, ninguna investigación, juicio o castigo, que transmiten el mensaje de que estas prácticas son admisibles.

Y las entrañas se abren con el silencio revelador de la prole. Esa prole presente en la tragedia observando con un sólo ojo entreabierto, oyéndolas, consiguiendo parar la respiración de forma tajante hasta parecer muertos, que padecen una  vergüenza cultural execrable, y desarrollan semillas de locura y odio. La prole de madre deshonrada que se asoma a un abismo con fácil caída en la reincidencia de la crueldad o en la desesperación de saber sin comprender.

Mujeres de Alemania, Brasil, Sudáfrica, México, Birmania, Estados Unidos, Irak,…. España…. perdonadme. No os puedo leer a todas. Nadie os podrá leer a todas, pero seguro que siempre habrá un oyente para cada una de vosotras. Son hombres, mi especie y la vuestra, la misma de quien os engendró, la de vuestros hijos, y la de miles de hombres adorables que nos acompañan en nuestro día a día, no sé la causa ni en qué momento esos en concreto, degeneraron en deleznables monstruos.

“No recuerdo haber gritado ni una sola vez. Estaba aterrada”, dice. A sus 84 años, recuerda los hechos mientras limpia sus manos, una y otra vez, en la cobertura que protege el reposabrazos del sillón en el que repasa sus recuerdos. Cuando regresó a casa no se habló jamás del asunto, ni jamás desde entonces se le ha ocurrido reclamar ningún tipo de reconocimiento o indemnización. “Algo quedó muerto en mí”, trata de explicar ahora. “Perdí la sonrisa para siempre. Después perdí las lágrimas. Y le voy a decir una cosa: se puede vivir sin sonreír, pero no se puede vivir sin llorar” Elfriede Seltenheim  

Miriam  Gebhard “Als die Soldaten kammen”

M.J.Trinidad Ruiz

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