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La Tamalera.

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Obra de Juan Gamino Vivas. Maderas talladas e hierro.

Escucho a un sarcástico humorista contar que para gastar una broma a un amigo, buscó la palabra “imbécil” en google y apareció su propia imagen en la segunda página. El sarcasmo y su gracia para reírse de sí mismo me agrada y mucho.  Ya alguien escribió un libro precisamente de hacer esto: buscar tu nombre en google.

La curiosidad es espesa como una gota de mermelada que cae en la parte superior de tu dedo pulgar. O te la quitas rápidamente o una vez olido su dulzor la disfrutas de lleno.  Efectivamente, yo también hice la búsqueda, 11 M de resultados en 0,42 segundos. Trinidad Ruiz Téllez, reconocida científica extremeña, Jose Trinidad Ruiz, militar y predicador protestante mexicano,… Pero hay una que me inquieta como solo la punzante miseria del ajeno puede hacerlo. De forma vergonzante, pudorosa, mirando de reojo para que no salpique, condescendiente y hasta dulcemente triste. Trinidad Ruiz Mares, La Tamalera.

En 1971, en México, Trinidad sobrevivía en la pobreza y la miseria personal que le acompañó cada uno de sus días.  Se separó de su primer marido con el que tenía tres hijos, porque la despreciaba y le era infiel en su propia casa. Con sus niños tan chicos que cabían todos bajo una manta, su ruina, la desolación y ella misma fue a parar  a casa de otro hombre, un peluquero alcohólico, aficionado al boxeo y lucha libre que la maltrató desde el primer día a ella y a la procesión que traía consigo.

Pablo Díaz Ramírez, le robaba el dinero que cada día la mujer ganaba vendiendo tamales, un enrollado de masa de maíz relleno de carne, vegetales o frutas, con salsas y envueltos en hojas vegetales. Los tamales los preparaba ella misma y los vendía en la calle, bajo los portales a precio de suspiro. El peluquero disponía de cada uno de sus suspiros que convirtió en lamentos y en quejidos.

Quítale a una vida los sueños, las esperanzas, el amor, la salud, la capacidad de socializar, la seguridad de sus hijos, anula su voluntad, machaca su naturaleza y con lo que quede, pídele que siga viviendo.

Trinidad lo hizo en ese mundo instalado e  ignorado en el ostracismo, en la pobreza, en la inmundicia. La locura o un rayo de instinto protector se apoderó de ella y una noche mientras el peluquero dormía lo asesinó con un bate de béisbol, a golpe por cada suspiro. Lo descuartizó y vendió tamales durante toda una semana rellenos de difunto. Las extremidades inferiores las encontraron en un vertedero y fueron precisamente éstas, las piernas, las que llevaron a casa de la tamalera.

La cabeza la hirvió en una olla, aún reconocible cuando llegaron los agentes.

Cuarenta años de cárcel la sacaron del infierno y allí murió sin saber que su desgracia se convirtió en una leyenda con distintas versiones como una bruma negra.

Releo alguna ficha policial y ver mis apellidos en esa historia me hace ver lo efímeros que somos. No nos pertenece ni el nombre. Hubiera podido ser otro, también nosotros, hubiéramos podido ser otros. Si ella hubiera tenido posibilidad de leer mi vida, habría deseado que su risa fuera como el peor de mis llantos, que la hubieran amado tanto como lo han hecho en la más nefasta de mis experiencias, que su cima hubiera sido lo que es mi fondo. Solo somos mientras estamos, lo demás es un nombre que pronuncian otros, que serán los que estén, los que sean. Escribir nuestra propia historia es una responsabilidad no endosable.

Pienso que se podría hacer un libro con mis dos apellidos y los cientos de vidas distintas que encierran, Las Cien vidas de Trinidad Ruiz, pero sobre todo pienso en que jamás comeré tamales.

Suerte con la búsqueda.

“Así que en lugar de enseñar a Chizalum a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. Y luego alábala cuando lo haga. (…) Demuéstrale que no necesita gustarle a todo el mundo” Chimamanda Ngozi. Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo.

María José Trinidad Ruiz

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Cualquier mujer pensante solo puede ser feminista.

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Autor: García de Marina. Fotografía.  2013.  www.garciademarina.net

Lo peor de una guerra es no escoger bien al enemigo. El término feminismo (principio de la igualdad de derechos de la mujer y el hombre. RAE 1992), provoca a veces más revueltas que la conquista del mismo, en la que llevamos ya casi 4 siglos, desde que   Marie Le Jars de Gournay  publicara De l’Égalité des hommes et des femmes (1622).  Todavía hay mujeres que recelan en declararse feministas, aún cuando respaldan lo que significa con sus palabras y actos. La estrechez de conocimiento, a veces; el exceso de información tergiversada y loca, otras tantas; la falta de conexión entre cerebro y boca, también.

Y es que son muchas las que se han equivocado y renegado del término, siendo jabatas trabajadoras, independientes e incluso incendiarias reivindicativas. Al menos lo que me consta, si me equivoco seguro que alguien me lo hará saber. La generosidad de corregir  es complaciente en su parte más oscura. Bebe, Paula Echevarría, Taylor Swift, Carmen Posadas, Maribel Verdú, Carla Bruni, Carmen Cervera

Algunas acompañan audio para sordos, Soy feminista, pero desde la igualdad, que es como decir, está lloviendo, pero para abajo. Podría ser que las mujeres que necesitan relevancia  y apoyo social, sientan pánico de ser incluidas en grupos de resentidas, antisociales y en pie de guerra contra el hombre,… no, esto no es feminismo. Recordad: igualdad de derechos.

Y mantengo equivocado como único conducto viable de la posición de negación del feminismo en una mujer, pues como dice Ana Mª Perez del Campo: Cualquier mujer pensante sólo puede ser feminista. 

Existieron sufragistas (termino inicialmente peyorativo para nombrar a las mujeres que pedían el sufragio femenino) que tuvieron el valor de abrir brechas que fueron caminos, algunas con una acción social más enérgica, suffragettes, fueron encarceladas, hicieron huelgas de hambre y hasta perdieron la vida en manifestaciones.  Pienso en ellas, leo sobre ellas, y no las imagino señalando con el dedo a esas otras que vivían ajenas al movimiento emergente que surgía a cien metros de su realidad. Es más, tal vez, si las tenían en cuenta y las sumaban a su lista de motivos por los que luchar. La generosidad, por tanto, es otro de nuestros distintivos.

Las diferencias físicas y psicológicas entre hombres y mujeres, también pesan en los argumentos contra el feminismo. Pero es que no se trata de ser iguales, criaturas. Reclamamos los mismos derechos, el mismo trato, las mismas deferencias, obligaciones y posibilidades. Después, ya veremos, si queremos ser como los demás o no parecernos a nadie. Decidir es un triunfo.

El ejemplo y filosofía en el camino de muchas mujeres, corcome las bases del patriarcado y nos hacen más libres a todos con su luz.  Ellas ni siquieran lo saben, afanadas en su trabajo, en su vida, en vivir su libertad. Son feministas de raza  y la fuente de donde nos alimentamos muchas. Profesoras, deportistas, madres, psicólogas, escritoras, cocineras, amas de casa, ingenieras, científicas,… femeninas o no, libres y luchadoras siempre.

El ejemplo y filosofía en el camino de muchos hombres, corcome las bases del patriarcado y nos hacen más libres a todos con su luz.  Como Berto Romero, que ha exigido igualdad de sueldos por el mismo trabajo realizado que su compañera de reparto Eva Ugarte.  Sumaron ambos sueldos y dividieron entre dos. Berto se ha quedado con algo menos de nómina, pero con la dignidad que le sobra ya va vestido para tres temporadas. O García de Marina, quien me ha cedido la evocadora portada de esta entrada con la condición de que el contenido fuera en pro de la igualdad.

El feminismo hay que defenderlo y practicarlo más allá del día en el que todos sepamos lo que es, hay que defenderlo y practicarlo, hasta que todos olvidemos lo que significa. Como la tribu que no sabe lo que es la palabra libertad, porque son libres.

El lenguaje es importante en la medida que es sentencioso, por eso todos los artículos en femenino de esta entrada, encierra la historia de una mujer feminista.

“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. Rosa Luxemburg( 1871-1919)

 

María José Trinidad

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Amistad.

Acuarela. Pilar Herrera Camacho.

Acuarela. Pilar Herrera Camacho.

Somos animales sociales, donde la amistad supone la forma más satisfactoria de la convivencia.  Cuando tengamos duda de nuestra naturaleza, podemos consultar a los clásicos. Aristóteles. Hace más de 2300 años.

Entre mis pertenencias también están tus recuerdos. Los nuestros. Hay secretos en zanjas, como ese tuyo que tienes tan presente y del que nunca más hablaremos. Los míos son tantos, que puedes contar alguno, liviano e insulso, cuando nadie te oiga. Los más importantes ya perdieron su valor. Bueno, el de la zanja no, ese déjalo ahí.  El orden de prioridades ha cambiado pero sigue trastocando nuestro interior pensar en aquella locura de la juventud que tenía tanto sentido. El futuro nada importaba, lo único con carácter urgente era el amor.

Mientra avanzamos afanosos en busca del camino de la gloria y del sí, también hay opciones con noes y fracasos que reconfortan. Ahí también te he encontrado. Tu mano, dear, que de forma discreta y siempre positiva tiendes, sin hacer pregunta alguna. Tu generosidad me respalda tanto como puede servirte nadar si caes a una piscina.  Hay amigos que te acompañan hasta en los momentos buenos. Que te empujan hacia arriba y aplauden los logros. Hostia, esos sí que son grandes.

Sin titubeos, nos movemos entre carencias y excesos, que están los dos en el mismo extremo, y es que los días parecen haber menguado horas y nosotras seguimos dando de comer a los sueños, ajenas a lo que no se puede. El cariño es concesión, la complicidad es más fruto de la admiración.

Y que importan las raíces, cuando lo que te hace feliz es oler las flores. No por años ni por meses. Con un lapso basta. Así amiga, estás en esos momentos que hacen de mí algo importante, por poder compartirlos contigo. Seguro que hay mil puntos que nos diferencian, aunque  puede que de eso no nos lleguemos a enterar, porque resulta que nos buscamos en el que tal vez sea el único que nos une.

Unas cuantas casualidades son suficiente para forjar una amistad. Durante un tiempo limitado unas vivencias y para toda la vida, la satisfacción de la experiencia, del recuerdo, de contar contigo, de mullidas risas y ahogados llantos.

Tengo amigos que nunca están cuando se les necesita, pero ellos saben perdonarme.

Y tengo amigos que son mi familia y por supuesto casi nunca veo. Ni nos corre la misma sangre ni falta que nos hace. No hay mes último del año que no endulcen mis recuerdos.

Celebro las amistades que aún no he conocido. Con el paso de las noches, aprendes que siempre es un tiempo demasiado largo, y que tarde a veces es mejor que pronto.

Para tener grandes amistades nada mejor que no esperar mucho del otro, al fin y al cabo, los amigos son tan imperfectos como nosotros mismos; pero ante todo, disfrutar y construir buenos momentos, camaradería, como un bien valioso e imprescindible para ser feliz.

Y es que la amistad es como la ciudad de Cádiz, puedes estar cien años sin ir pero nunca dudas de que a la vuelta, todo estará en su sitio.

Y que dure.

The show must go on!

“Las historias son lo que se queda dentro, los números se van”. Javier Sierra. Hay Festival 2018

María José Trinidad Ruiz

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Ciudadanos del mundo

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Hay quien escribe deseando que sus palabras muevan al menos a una persona en algún lugar del mundo y hay quien mueve su mundo y deja sin palabras a todos.

Estas dos mujeres promulgan unidad, tal vez por ellas mismas, que pertenecen a sendas partes implicadas, tal vez por sus familias o tal vez por la preciosa hija que les une, a la que no quieren privar de sentimiento de pertenencia a ninguno de sus orígenes. Ellas son mi familia, y el motivo por el que muchos no engrosamos la miríada de declaraciones henchidas de orgullo vertidas en las redes, con flechas venenosas, que van y vuelven sin diana fija, dardeando y arañando a quien tenga un mínimo de sensibilidad. No conozco territorio sitiado exclusivamente por autóctonos.

La mesura es una responsabilidad que tampoco podemos llevar al límite, posicionarse y opinar es libre, necesario y constructivo, la mayor miseria es la imposibilidad para emocionarse, más la convivencia y el respeto deben marcar los pasos. Tu libertad termina donde empieza la mía. Más que nunca, me asquean los políticos que intentan arrastrar en masa  azuzando con la miseria del odio, mientras planean la siguiente estrategia en sus sillones catetos de polipiel, el diseño lo quedarán para otras sustancias, que es la única razón que explica ciertas declaraciones. Esto no es una partida de Risk , la contienda pasará y las personas quedaremos.

Lo único valioso es hacer cosas valiosas. Las palabras y los gestos reconfortan en el camino, pero esa senda sólo se abre con hechos.

Algunos aún conservan el trozo del extinto muro de Berlín, que Tribuna regaló a sus lectores hace ya 27 años. El muro de la vergüenza, del odio y del sometimiento. El muro no desapareció, que para eso es materia, se transformó y es más, se convirtió en un emblema. Examinar ese hormigón grafiteado es como mirarte en el agua de  un pozo, profundo y oscuro, del que te debes retirar pronto porque sientes como te absorbe.  La historia nos deja tanto como nos quita el hacerla.

Rosa Montero ha lanzado en twitter que en este momento se sentiría más a gusto siendo canadiense o australiana, y yo que adoro a Rosa, me estoy fijando ya pecas en las mejillas,  pero por otra parte sé que para ser mejor, no necesito dejar de ser lo que soy.

Cuando el delirio humano pisa la vida, me siento como Óscar, el niño de Günter Grass, que se niega a crecer y desde su tierna y pequeña postura ve la loca forma en que el mundo se desarrolla y huye hacia donde sólo se puede huir en estos casos, hacia ninguna parte.

“El aire es de gran valor para el Piel Roja,

pues todas las cosas participan del mismo aliento:

el animal, el árbol, el hombre, todos participan del mismo aliento.

El hombre blanco parece no considerar el aire que respira;

a semejanza de un hombre que está muerto desde hace varios días

y está embotado contra el hedor.

Pero quizá es porque yo soy sólo un salvaje, y no entiendo nada.

Yo soy un Piel Roja y no entiendo esto.”

Mensaje del Gran Jefe Seattle al Presidente de los Estados Unidos de América 1855

María José Trinidad Ruiz

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Noche de reyes y de Magos.

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Portada. La soledad de los números primos. Paolo Giordano.

 

Seis meses han pasado desde que doce niños junto con su monitor quedaron atrapados en una cueva en Tailandia. La mitad del mundo¹ conmocionado, los medios de comunicación inundaron la ciudad y la atención, ayuda y esfuerzo dignificaron al ser humano. La causa lo merecía.

Cuando fueron rescatados, los niños padecían alexitimia o incapacidad para expresar sus sentimientos. No mostraban alegría, ni miedo, ni temor, . . .

En tan sólo nueve días, parece que se hicieron adultos. El miedo a la incertidumbre que poco a poco amordaza, a ellos les asfixió de golpe. Mientras caminamos a ninguna parte, va medrando la inseguridad que nos separa de las palabras que construyen puentes y los gestos de cariño son malogrados;  la ilusión que nos hace vibrar se esfuma lentamente, como la joven muda de El Piano se hunde en el mar, dejándose llevar sin hacer aspavientos ni contrariando a lo que cree su destino. En el último aliento reacciona de forma salvaje, como haría un cachorro, sin pensarlo, sin dudarlo, sin saber bien que hacer. Como la niña que fue.

Y es que podríamos pasar una vida aprendiendo de ellos. De los niños. “Yo los miro,  y a veces soy capaz de ver aquello en que se van a convertir si los dejan, si no los machacan demasiado” nos decía Pilar Galán hace algunas semanas sobre sus alumnos ya adolescentes.

Tal vez estamos demasiado atentos de donde venimos, si acaso ello importara más que lo que hemos aprendido. Tal vez centrar la atención hacia donde vamos sería más interesante. O tal vez, podríamos aprender de ellos y otear el presente con infinita curiosidad. Aunque esto son sólo varios tal vez.

Si les preguntamos nos darán respuestas exactas. Honestas y variadas.

Porque muchas posibilidades  asume quien no tiene el velo de los prejuicios.

Sus respuestas serán divertidas, inteligentes, audaces, simples o pícaras, más nunca inamovibles. El sueño profundo hace que sus conciencias estén descansadas y la ocupación les aleja de la preocupación.

Nos miran admirados, como si la grandeza estuviera de nuestro lado, así de generosos respiran el mundo. Nos escuchan mientras hábilmente cosen nuestras palabras a su alma con hilo de bramante.

El día de reyes, podríamos pasarlo disponibles para ellos, para jugar, para escuchar, abrazar o aquello que necesiten que nunca será más que a nosotros mismos. Ese pequeño detalle envuelto en papel estampado  y cinta de colores junto al pie del árbol o debajo de la ventana es un boleto de feria de un solo uso comparado con el carrusel de emociones que ellos nos regalan. No les alcanzamos, pero es que nunca estaremos a su altura. Conformémonos con imitarles y sonreír de corazón.

Y si estamos atentos, nosotros los adultos llegaremos antes de ese  último aliento a aprender el camino certero de, como dijo Bruno Schulz, “madurar hacia la infancia”.

“Te acostumbras, al final ni repararás en él. – Y… ¿Cómo, si lo tendré siempre a la vista?
-Por eso, por eso mismo dejarás de verlo.” La soledad de los números primos. Paolo Giordano.

M.J. Trinidad Ruiz

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¹La otra mitad estaba en campos de refugiados, barcos sin puerto donde atracar, vertederos de medio mundo o en fronteras infranqueables, pero de éstos hoy tampoco hablaremos.

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105 años… ¡Cualquiera diría que fue ayer!

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Recaída al abismo. Capítulo 44.

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Mujeres que convocáis sólo a mujeres, conmigo no contéis. Para esto no. Esta contienda no es sólo nuestra. El derecho a vivir en plena libertad de mi hija, aparte de mí, desean defenderlo también su abuelo, su padre y su hermano. Si algún día tiene un hijo, cruzo los dedos para que hable en pasado de estos hechos, como parte de la historia negra del duro camino de la mujer.

La sociedad entera debe estar. Aquí y ahora. La indignación no es contra los hombres, ni  únicamente de las mujeres. Es contra las leyes, el silencio, la cobardía y la atrocidad. Y aquí cabe mucho. Tanto que rebosa; ya caen borbotones grasientos como cuajarones de sangre.

Cada parcela, desde la más íntima del hogar hasta la más amplia de la ley necesita revisar sus códigos, hay algo que hace aguas. Y seguro que lo podemos hacer mejor.

Un paso adelante es apoyar y ensalzar las nuevas masculinidades. Hombres que desprecian los chistes machistas de otros hombres hacia sus compañeras, hombres que se atreven a no formar parte del acoso verbal a una camarera, hombres que son tan fuertes que hacen gala de su sensibilidad y de sus miedos, que huelen a los lobos y  piden ayuda a sus iguales para  vigilarlos de cerca. Hombres que caminan a nuestro lado y no delante como escudo, ni detrás como retaguardia.

Un paso adelante es la educación de forma activa y consciente, en el colegio, en la familia, en la asociación del barrio, en las actividades deportivas,… respeto absoluto al de enfrente, rechazo enérgico a cualquier agresión, solidaridad y cooperación.

Habrá tantos pasos como personas diferentes somos y seguro que la suma de todos hará el camino. El único que no aporta es la indiferencia. Yo que no sé hablar con grandes masas de gente, si acaso con personas y preferiblemente de una en una, me atrevo a animar a dar el mejor paseo de nuestras vidas, el de la solidaridad. Necesitamos como sociedad unirnos en esta lucha que nos hace más pobres a todos, que nos hace menos humanos, que nos veja a hombres y mujeres y nos hunde en el fango del miedo.

Llevamos muchos pasos dados, pero son pocos  para los que aún quedan… Tal vez lo mejor es vivir, perseverar y reír, porque la alegría es un acto de resistencia  mucho más fuerte que la tristeza.

Parafraseando a Popper y la paradoja de la tolerancia: para ser una sociedad tolerante la sociedad tiene que ser intolerante con la intolerancia;

resolveríamos la paradoja de la paz tal vez así: para que la sociedad esté en paz, la sociedad debe estar en constante ofensiva con el que perturba esa paz.

“Más que nada, viviendo como vivimos de la ilusión, quizá lo más importante para nosotros sea la confianza en nosotros mismos. Sin esta confianza somos como bebés en la cuna.

Virginia Woolf. Una habitación propia”

Nota: 44 son las mujeres asesinadas en España en el año 2018

M.J.Trinidad Ruiz

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Ceguera.

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Soy mayor, más incluso de lo que mis nietos imaginan y esto junto con el hambre, son los dos factores que me han permitido ver tantas cosas en la vida. Cuando era niño amaba tumbarme en el campo recién arado, alguna mariposa se paraba en mi frente y las mariquitas recorrían mi cuello haciéndome cosquillas como si quisieran verme reir por encima de todo.

Ya adolescente empecé a ver barreras, de hormigón algunas, de humo las que más y tropecé en ocasiones con el desánimo. Madre iba siempre medio paso por delante de mí y preparaba cuentos dulces como chocolate caliente para abrazarme el alma. En casa había tantas carencias de cosas materiales que el ingenio agudizó cada uno de nuestros sentidos. Una vez, madre compró unos zapatos desparejados a una perra chica cada uno. Uno era marrón claro, como el color de la tierra curtida cuando hay sequía, otro negro como el pelo de detrás de las orejas de Farito, el burro de mis vecinos. Sólo madre sabía apreciar que mis pies también eran diferentes entre ellos y sería insensato tratarlos igual. Madre siempre me hacía entender todo, hasta que lo viera con claridad. Hasta la sangre caliente pude ver un día. Me puse los zapatos y me fui a vender algarrobas al mercado. Feliz de sentirme único. También por no tener que clavarme las piedras.

Nadie me dijo nunca nada de mis zapatos desparejados. Me juzgaban por mi ceguera y daban por hecho mi ignorancia.

Yo también les juzgaba por mi ceguera y daba por hecho la suya.

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Fernando Fernán-Gómez. El tiempo amarillo.

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¿Qué eres tú, el protagonista de tu vida o una comparsa de la mía? Pregunta Fernando Fernán-Gómez a un amigo,  encerrando en esta frase mucho de lo que es él: teatro, cine, literatura, ironía, insolencia y genialidad. En plena guerra civil,  su amigo le contesta: Como no tenía ya problemas, añades uno nuevo.

¿Lo es? ¿Es un problema para nosotros sentirnos comparsas de otras vidas y no protagonistas de la nuestra? Lo que somos y lo que creemos ser a veces guarda distancia. Fernán-Gómez quería llevar una vida de lujo, escalar socialmente y por encima de todo, ser un personaje con trascendencia. Lo consiguió y así lo relata con la tozudez que le llevó a no cejar su intento, pero vacío de vanidad. Muchas veces le faltó el dinero pero nunca fue pobre.  La guerra frustró su adolescencia y años después aún recuerda que ese hecho es lo que percibía como más grave de aquel terrible suceso histórico por encima del drama de la tragedia. Recitaba poesía o jugaba a leer en voz alta con el traqueteo de ametralladoras de fondo. Fernán-Gómez nunca dejó de avistar la línea divisoria entre su realidad y su objetivo siendo éste es el paso más importante para poder saltarla.

El Tiempo Amarillo es su autobiografía, sus memorias contadas con su peculiar manera de ver la vida y  de estar en el mundo. Ardua tarea la de ser fiel a sí mismo. ¿Puede interesar a alguien la vida del hijo de un cómico y que al llegar a su jubilación sigue siendo eso, un cómico? Si, interesa. Tanto como para que el documental La silla de Fernando, testimonio de un artista, cautive al público y se proyecte en el cine. Para llegar a  Fernando Fernán-Gómez, hay que leerle, verle y escucharle; sin prejuicios y con el alma y la curiosidad abiertos de par en par.

Fernando Fernán-Gómez, perspicaz adolescente, llamaba a las puertas de sus criadas por la noche, cuando todos dormían, pero ellas nunca le abrieron, o al menos María. Las costumbres se acomodan en nuestro ADN como el óxido en las rejas de los balcones, revistiéndolas primero con suavidad corcomiéndolas después con saña. Helo aquí.

Lo crió su abuela, Doña Carola, y este hecho no necesita adornos. Su madre era la belleza y el enigma, en una ausencia constante.  Concibe una mujer teatralizada e inverosímil,  una Marlene Dietrich imperecedera, el amor como destrucción y atracción a partes iguales, promiscuo y vividor. El pudor, la timidez y el temor a represalias le hacen callar situaciones comprometidas, o eso dice él. Saber que alguien guarda silencio ya es saber.

Un actor con vocación por el cine que pasó por el teatro de forma obligada. “No me agrada el contacto con el público. Lo que menos me agrada del teatro es que mientras uno trabaja el público esté”. Detestaba el añorado calor del público que tanto ansían los actores. Con un mal carácter, eso sí cultivado a conciencia (palabras suyas), su legendaria antipatía troca en leyenda cuando rascas en su razonamiento sostenido en su profesionalidad, como estar días sin hablar con nadie, inmerso en su personaje, tal y como requiere el método Stanislavsky.

Una visión carente de tópicos, estereotipos o ideas generalizadas. La falta de filtro embelesa a veces desde la incomodidad ya que posee el extraordinario don de dejar de mirar lo que otros ven, para proyectar su propia mirada sobre ello.

De tanto escucharlo he descubierto lo que sucede. Las ganas de ser te hacen creer serlo. La similitud no es si no admiración.  La claridad en sus palabras, en sus ideas, en sus sentimientos tiernos y amables en ocasiones, irreverentes  y procaces los más. La mediocridad no llegó a alcanzarle, siempre voló más alto. Fernando Fernán-Gómez, una mente brillante y un trabajador incansable.

 

“Mi querido nieto, hoy recibo carta de tu madre, de Santander, en la cual me dice que ha visto las fotos para el estreno de Cristina y que estás muy bien, que, si puede irá a verla. Y hoy 15 también me han pedido tus señas de Barcelona. No sé quién será pero me figuro será cosa de películas, pues yo quisiera que te hicieras popular lo antes posible. Estudia bien la mímica y no abandones tu porte de buena figura. Tu madre ha mandado de Gijón un poco de mantequilla, ¡no sabes lo que siento el que tú no la comas también! Cuídate lo mejor que puedas, y a vivir y hacerse célebre. Cuida la ropa, que cuesta muy cara. Recibe el cariño de tu abuela que es el más verdadero. Yo voy estando algo mejor, pero tengo dentro de mí un cuerpo extraño que me preocupa; sobre todo por las noches, me quita el sueño. Te quiere. 

Carolina Gómez. 

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Decrecer. En busca del sentido propio.

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Artist: Ana Hernández San Pedro. ” Omnia Vanitas” www.anahernandezsanpedro.com

En O Grove (Pontevedra), hay un local, El Naútico, que tiene su mirada puesta en decrecer. Un empresario que busca reducir el negocio, menos público, menos movimiento,…  Allí aman la música, pero sobre todo a las personas y el disfrute del momento. Un estilo de vida que es el timón de este negocio entre chiringuito y sala de conciertos, por el cual andan como en casa, Marlango o Jorge Drexler.  El poder de atracción de algunas cosas a veces es inexplicable, en ésta, glorioso.

El decrecimiento en el ámbito económico busca una producción sostenible y un enfoque de la economía al servicio del ser humano (no viceversa). Padecemos una crisis de representación política en la que estamos  aún con el gotero puesto tras el virus de corrupción del que nadie salió indemne y  ahora nos toca revisar expedientes académicos de políticos con egos inflados que eligieron un camino demasiado corto para un trabajo tan importante, respaldados por catedráticos con tarjetas black, que gastan miles de euros, en frivolidades prohibitivas para universitarios que sí deben estudiar para conseguir sus másteres.

Sumamos la contaminación, las desigualdades económicas, los cambios sociales y culturales o el consumismo feroz que tanta frustración siembra y el resultado pide a gritos una reflexión profunda, sensata y con una mirada global, para así encontrar nuevas soluciones adaptadas a nuestro siglo. No se puede crecer infinitamente en un mundo finito. En 1970 nace esta corriente, el decrecimiento, término obús para contrarrestar el desarrollo sostenible, y uno de sus ideólogos, Serge Latouche, nos hace reflexionar con planteamientos  que encuentran la convergencia entre el consumo y la felicidad.

Hay una parte del decrecimiento  aún más apasionante, menos racional, como bien lo define Sergio Ayala Climent  “Comenzar a decrecer para volver a rozarnos la piel, y sentir, sentir de cerca… hemos crecido demasiado, eso está bien, pero volver a la esencia, eso es lo más…” Este abogado, que nunca ha ejercido, es un avezado comercial, conferenciante y mentor de nuevos emprendedores. Positivo, bienhumorado y procaz lleva a cabo su propia empresa asumiendo que ésta tendrá un final. Con esa premisa asumida, el humor y buen rollo son prioridad en su vida. Y en su trabajo.

Buscar bien adentro quienes somos es un acto de valentía, encontrarlo, una suerte, y vivir fiel a ello, un prodigio. Requiere quitarse los miedos y estar dispuesto a  andar por el mundo sin la impostura de un traje a medida para cada ocasión. Reconciliarse con cada pequeña cosa que nos hace sentir bien, vivir con franqueza y en paz contigo mismo. El gusto por las cosas sencillas, es el más exquisito de todos los gustos. Decrecer en emociones tristes y sentimientos caducos, los caminos se abren a cada paso y ser positivo y generoso son buenas opciones.

Uno de los suertudos, que huye de solemnidades detrás de una poblada barba con tantas canas como su cabeza, nos insta a hacer las cosas con integridad, sin buscar la aprobación de los demás. Y no es una simple declaración de principios porque Antonio Muñoz-Molina, asegura vivir así. El consumismo al que este escritor se refiere, llega más allá de las cosas materiales, no sólo en lo frívolo está el afán de poseer. También en la arrogancia de creer que ver, saber o viajar mucho, te sitúa en un plano superior; o la idea errónea del genio que cosecha méritos propios con el trabajo de otros. Cuando el sentido común habla, el resto de los sentidos callan y aprenden.

La serenidad empieza a recobrar la épica que tuvo hace tanto tiempo, donde correr no era necesario. La ausencia es una paradoja, pues a quien mucho se le echa en falta, se le deja de necesitar. Después del camino recorrido, encontrarnos a nosotros mismos y compartir tiempo con los que nos hacen sentir bien, es la mayor de las victorias.

“Casi nada es de una sola manera, casi nada es una sola cosa, casi nada es bueno o malo continuamente…” A.Muñoz Molina. HAY FESTIVAL Segovia.

 

M.J.Trinidad Ruiz

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