De paseo por Koulikoro

El domingo es día de mercado en Koulikoro. Los puestos de frutas, talleres y pescado inundan la calle principal, de arena, de la ciudad del sur de Mali. El Periódico Extremadura acompaña a un pelotón de la Protection Force durante un patrullaje social, la forma de ganarse a la población local y mostrarse como amigos, y no enemigos. La primera parada: el consejero del jefe del pueblo, Lassine Diarra.

Dos hombres juegan a las damas en la puerta de la casa de Diarra. Algunos niños se amontonan alrededor de un futbolín, y otros corren hacia los soldados en busca de caramelos. Koulikoro se divide en 11 barrios, y cada uno lo gobierna un jefe que proviene de una familia. Diarra es el consejero del que manda a todos. “Nosotros estamos aquí para acercar las necesidades del pueblo al alcalde y al ayuntamiento”, explica.

El camino rebosa colorido y se nota el respeto hacia los ancianos en un país en el que la esperanza de vida no llega a los cincuenta años. “Llevo trabajando aquí desde el 67”, dice Mohammed Culibali, propietario de un taller de electricidad que se encuentra rodeado de unos 10 vecinos. “Son tu familia?”. “No, vienen aquí para estar conmigo, para charlar”, responde.

Fatumata Keita, un poco más adelante, vende buñuelos. “Lo hago desde pequeña. Sólo necesito harina de trigo, agua y azúcar”, explica con sus 22 años que parecen más. “Pero me gustaría que mis hijos no hicieran esto, sino que estudiaran”, manifiesta. Y se pone seria. El único momento durante toda la conversación.

Nadie tiene inconveniente en hablar excepto dos o tres comerciantes que se encuentran en plena faena. África va más lenta, y Koulikoro respira feliz.

Patrulla Social,

Fatumata Keita, en su puesto de buñuelos. 

Patrulla Social,

Mohammed Culibali, en su taller de electricidad. 

Patrulla Social,

Mercado de Koulikoro. 

 

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