“Se veía cómo pegaban las balas en la arena”

El pasado 21 de marzo, el cuartel de la Unión Europea en Bamako sufrió un ataque yihadista. Fue a la seis de la tarde, mientras algunos soldados jugaban al voley playa, otros permanecían dentro del edificio y otros, simplemente, descansaban en sus habitaciones. “Se veía cómo las balas pegaban en la arena”, recuerda el Capitán Eduardo Lobo. A día de hoy, no se sabe cuántos terroristas participaban en el ataque. Al menos uno, al que derribaron los militares europeos que se protegieron desde dentro de la base.

El suceso ocurrió un día antes de los atentados de Bruselas, lo que hizo que el ataque al centro militar de la capital maliense pasara casi desapercibido para los medios de comunicación europeos. “Los yihadistas sabían que no tenían probabilidades de éxito.”, dice Lobo. “Hasta un total de 72 impactos de bala se contabilizaron en el interior de la base. Aunque no causó ninguna baja”. También explotó una granada de mano que dejó un socavón en el suelo.

El yihadista abatido, de 16 años, murió a las puertas del cuartel. “Ellos saben quiénes somos nosotros y nosotros no sabemos quiénes son ellos”, reflexiona el teniente coronel Dengra.

Las medidas de seguridad, desde entonces, han subido en cantidad y en contundencia. Un soldado franquea la entrada a todos los vehículos que entran en el cuartel, y no resulta extraño ver los alrededores del campo de voley playa con sacos terreros y alambres. Pese a que el riesgo de ataque no es demasiado alto, las precauciones son máximas.

 

Mali, Bamako.

Lugar donde abatieron al yihadista que atacó la base el pasado 21 de marzo.

 

Mali, Bamako.

Impacto de bala dentro del cuartel general de Bamako.

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